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Estudio del Sur

DAMARIS CALDERÓN : LA VENTANILLA DE UN TREN CORTA

La ventanilla de un tren corta

-no asesina-

corta impasible como un carnicero

las reses   el paisaje

lo que se va quedando atrás

y entra definitivo en el pasado.

Nada más cruel   más plácido

que hacer señales desde una ventanilla

que pulir este vidrio inofensivo

(nadie se picará las venas)

Quizá del otro lado alguien reanuda esta diálogo mudo.
Pero no nos vemos

gracias a la eficacia del conductor

a la vertiginosidad del tren

cuyo destino es moverse

moverse con su carga de pasajeros muertos

sorprendidos soñando en un vagón oscuro. 

HABITOS

Todas las noches un pájaro me roe las entrañas

Vuelve por voluntad

Por voluntad me tiendo junto a él

Yoque no soy Prometeo

ni me he robado el fuego de los dioses. 

Empollan en tivienendel dolor más oscuro

No cantan

graznan

vuelven

lanzan

las patas contra los cristales

como un último adiós. 

Todas las noches. 

Precisos

Implacables

por la ventana

Pájaros. 

Morder la sábana.

Golpear el rostro contra la pared.

Ser la sombra chinesca

Mañana

será otro día. 

Una prueba, otra prueba.

Y no es San Juan de Patmos.

Su martirio es anónimo

No necesita del aceite hirviendo.         

Cuatro paredes blancas.        

Impolutas para mayor crueldad. 

Cuando acaba la noche se cree un resucitado.

Hasta el amanecer sueña con búfalos.

Resiste como un buey.

Transformarse en buey no es todavía suicidio. 

(De Guijarros, Serie El Trapecio, RIL Editores, Santiago de Chile, Chile, 1997). 

 



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SOBRE EL ÚLTIMO LIBRO PUBLICADO DE VERÓNICA ZONDEK

 

UN SOLO Y GRANDE ANIMAL QUE RESPIRA Y EXISTE PARA SER HERIDO

Dentro del panorama de la poesía chilena contemporánea, una de las voces más significativas e ineludibles, es la de Verónica Zondek, que ha venido desarrollando un trabajo sostenido en el tiempo, trabajo diverso, vigoroso, que también se perfila en continuidades de líneas y preocupaciones temáticas.  Descendiente de judíos  alemanes-polacos, habiendo residido en una larga estancia en Israel, otra larga en su país natal, con desplazamientos varios numerosos países, su poesía da cuenta del nomadismo y de la intersección de referentes culturales, de un desplazamiento que se asume como condición existencial. En la producción continuada de Zondek, han aparecido libros donde la concepción de los mismos ha abogado por la unión de la poesía y la plástica, como “Entre lagartas”, realizado en colaboración con la artista plástica Gabriela Villegas, y “El libro de los Valles”, publicado por Lom Ediciones. Sin embargo, quisiera centrarme aquí  en un aspecto que me llama la atención desde “Membranza”, (recopilación de su obra hasta 1995) realizada por Cuarto Propio y Ediciones Cordillera. En el volumen se recogen sus libros “Entrecielo y Entrelínea”, “La sombra tras el muro”,” Vagido”, “El hueso de la memoria” y “Peregrina de mí”, y  a lo que me refiero  es a la creación de una realidad poética , lingüística, depositaria de la memoria: una “Membranza” realizada por la poeta. Membranza: palabra que evoca , a un tiempo, la membrana ¿del corazón? ,(un órgano) y a la remebranza, al acto de recordar (y volver a pasar por el corazón). Lo que evidencia que para Zondek  el acto creativo se trata en primera instancia  de un recordar, de una fundación a través del recuerdo. En sus versos aparecen una y otra vez las palabras “no olvido”, las imágenes de lo perdido, lo desaparecido, lo que sólo proyecta una sombra, que se trata de reconstruir, de aprehender, por la palabra, “Fundo con la palabra”, dirá.  . Este  último poemario, Por gracia de hombre, editado por Lom Ediciones, abre con una hablante que se presenta como una indocumentada, indocumentada que hace una entrega: su dolor, y también su lucidez ante los horrores de la historia, de la existencia y comienza con una especie de sentencia:”La poesía es un presente en llamas y otorga al tiempo vigencia continua”.  Anulación del tiempo cronológico, por tanto, confluencia de tiempos, en un presente continuo, en llamas, donde la depositaria, indocumentada, sabe que la evolución humana no ha sido tal,  en tanto se ha erigido afirmada sobre una cadena de horrores que se continúan, la hablante sabe y escribe. El conocimiento, del dolor, segrega escritura. Convivencia con sombras, que ha hecho suyas y de las que forma parte, esta sujeto anónima, que se constituye en uno a través de la multiplicidad, de ahí el carácter de filiación inexorable de este libro, con los que han padecido, y más que un recurso literario de máscaras, lo que se establece es el intento desesperado de convivencia, de fusión en el acto de resistir ante el horror. Ahí se altera la sintaxis, como se altera la vivencia misma:

“ Mi juntos no sabemos por qué. Mi sabemos que volverá a ocurrir”. Atrapados.

Hermanados, la filiación se hace solidaridad, conciencia, lucidez, el destino de cada una de estas vidas pudo haber sido otro, pero a cada quien le tocó su saco de dolor. La hablante (y la poeta) no evaden ese dolor ni ese horror, antes bien, lo miran, se adentran en él, lo padecen, lo enfrentan y lo conjuran mediante el testimonio, la resistencia, la escritura. El mi (pronombre posesivo singular y/ o personal), se vuelve plural, alcanza esa pluralidad de la simpatía, del padecer con el otro, de saber que el otro, también es uno mismo y que uno mismo, su mismidad, ha estado atravesada por la cadena de horrores. El libro parte entonces desde una conciencia y lucidez meridiana, es decir, desde una responsabilidad, donde lo ético y lo estético han de fusionarse en la justicia (poética y moral) y en un deber inexorable de la hablante , que se sabe anónima, indocumentada: “ Y cumplo con decirlo”. Cierra Verónica Zondek en esta especie de introito a estas mutaciones poéticas.

Las filiaciones o citas como apoyaturas (junturas) en que se apoya el libro, parten de Olga Orozco y de Gabriela Mistral, ambas de una falta ;” “estaban ahí, cayendo desasidos” (repárese en la caída, en el desasimiento inaugural ) y “ me nació de cosas/ que no son país/ de patrias y patrias/ que tuve y perdí/ de las criaturas que yo vi morir/ de lo que era mío/ y se fue de mí”. Zondek, de ascendencia judía que trae en sus sangre el exilio, el holocausto y la diáspora, incorpora aquí el arsenal de ausencias y de pérdidas a través de la voz mistraliana, donde lo que destaca es la pérdida: patrias y patrias perdidas, criaturas vistas morir, lo que se fue de mí (en palabras de Mistral, que Zondek retoma) pero también y no menos importante, de estas pérdidas,  surge el nacimiento poético, la reconstitución: el deber de recomponer ese cuerpo diásporico, diezmado, a través de la palabra. “ ME NACIÓ”...dice la Mistral de la escritura de sus pérdidas. No por azar sino para dar testimonio y de manera constitutiva está la cita en el libro, no como un cuerpo exterior ,sino como una astilla más que se incorpora al libro. Pérdida y nacimiento, restitución, en la medida de lo posible, por la palabra poética, a esa familia de la devastación. Transmutar a través de la pérdida, del dolor, transmutar, creo que es la palabra clave de la poesía, transmutación que logra Verónica Zondek eficaz, limpiamente, en este poemario.

Si la poesía de Zondek puede entenderse como un viaje, entre le fijación y al errancia, por terrenos nómades, en busca de una patria, (la poesía), en libros anteriores, vuelven aquí constantes que son recurrencias: la memoria (el hueso de la memoria), la fijación del recuerdo a través de la letra, el trazo de un mapa, de una cartografía histórica y sentimental que dé cuenta de esas vidas heroicas, arrojadas al fuego, purificadas y acrisoladas por él. Como las babas de un caracol avanza la escritura, advirtiendo contra la desmemoria, el hacer la vista a un lado, el olvidar. Basta recordar que las musas ( y la poesia y todas las formas de pensamiento) son hijas de Mnemosyne, la memoria, es decir, el animal que escribe , graba y cava en lo hondo y hace de ese boquete y en él la escritura (su resistidero) sabe que en el recuerdo, en la remembranza, está la posesión de lo perdido, así sea a través de posesión por pérdida, (la escritura), la hablante se desplaza entonces en multiplicidad de sujetos y voces poéticos que forman ese Mí plural: Gabriela Mistral, Marina Tsvietáieva, Eduardo Anguita, Baldomero Llillo, por sólo mencionar algunos.  Por pérdidas, se crea un nuevo sujeto múltiple, que no está constreñido al género ni al sexo ni a la raza ni a la historia ni a la geografía, parten de ellos, sí, de una puntualidad, de una referencia concreta, pero la rebasan y trascienden, para fusionarse, a través de todos sus dolores en la humanidad doliente y en “un solo y grande animal que respira y existe para ser herido”. Pero también para dejar testimonio, resistencia, a través de la vida (y la escritura), así, aún a través de las aguas se dejan huellas vivas.

Frente a las nociones de progreso, erigidas en el falso racionalismo, en el arrollamiento del hombre y de la expresión más tangible de su humanidad, la hablante se refugia en el instinto sobrehumano (animal). “El animal sabe y distingue”. ¿Qué sabe? Que “ La vida es un recuerdo de sí misma y el corazón es una baba que continúa atada al hilo...” Fijeza, continuidad, recuerdo, van haciendo la persistencia de esta escritura, que se afirma en el hueso andino mistraliano, en el fuego ancestral, humano, versos emanados  del fuego de los crematorios (crematorias de hombres , crematorios de libros). Porque así como importa la memoria del hueso, importa la letra, el libro, así la filiación pariental se establece tanto con la abuela como con George Trakl, Alejandra Pizarnik y Salvador Allende.

Porque contra el fuego de la devastación y los crematorios está ese fuego visceral, inmemorial, de la creación humana, está el fuego de las ollas comunes, que hicieran que los hombres compartieran un alimento común, como una verdad dura, dificil de tragar, pero compartida. En el poemario está el emplazamiento también al interlocutor, cómplice de esas nociones (devastaciones) humanas en nombre de una seudomodernidad y de la sociedad (de consumo), del progreso y de la historia que pasa en grandes mayúsculas por sobre los seres humanos concretos, aquellos que se ven envueltos y arrasados en ella, que la hacen y la padecen y muchas veces, forman parte de su exterminio. Creo que uno de los aciertos de este libro es haber cargado con tan pesado fardo de dolor de generaciones diversas, de hombres y mujeres de tiempos y épocas diversos, para atravesar (llegar) con el poema a la otra orilla, rescatando esos fragmentos de vidas incandescentes. El peso de ese traspaso se siente en el libro, se respira, se fija en el boqueo de la hablante, en la cesura de ciertos poemas, en la dicción entrecortada, sin aire apenas para continuar (pero sigue), como seguía la marcha en su transhumar poético en libros anteriores, el poema se desplaza a veces como caracol, otras como camélido, donde “pesa la certeza y pesa el camino”. Pesa todo. Pesa el peso de la letra”, pero la escritura continúa.

Continúa sobre un paisaje devastado, asolado, por eso poemas que son como conjuraciones lúcidas, apelativas al otro, poemas estancos, que a veces no desembocan pero drenan, dejan correr su lava y forman su magma ígneo. Basta citar algunos títulos: Aguas del desasosiego, desde el fondo negro, Retraso del exterminio, o Después de la destrucción (oración sin salida). Porque no hay salida , no habrá salida, en tanto el hombre, por gracia de hombre, no recupere lo suyo, humano, en el sitio que le corresponde de la creación. En tanto no halla ojos, no halla oídos, no halla mano erguida, fervorosa y abierta al otro, en tanto no exista fraternidad y sí fraticidio, el holocausto volverá a ocurrir, está aconteciendo todos los días, y “ Mi juntos no sabemos por qué.Mi sabemos que volverá a ocurrir. Aquí y acullá, víctimas y victimarios por siempre en enroques sempiternos (...) Atrapados”. Pero así como este especie de fatum cíclico pareciera no tener salida, en tanto se ejerza y seamos cómplices de la degradación versus la dignidad, el horror versus la belleza, el exterminio versus la dignidad humana, hay que afianzar la búsqueda, la lucha, moral, póetica, por la palabra, por el poema, como forma de existencia. Recordar, escribir, son emplazamientos morales.  La poesía no sólo formará parte de la justicia sino será la justicia (recuerdo esa bella palabra griega) kalokaghatia). La fusión indisoluble entre belleza y justicia, lo bueno y lo justo. Así, quiero destacar la dimensión social y política, vale decir poética, de este nuevo e inmemorial libro de Zondek, no por azar “ sino para dar testimonio”, son encarnados, convocados los poetas elegidos en esta travesía. Gabriela Mistral, Pizarnik, Vallejo, Paul Celan, Neruda,  son autores que se distinguen por su dedicación extrema y radical a la vida, a la poesía, hasta la redención o el exterminio, la derrota. Pero no sin haber antes entregado todo al fuego, a la incandescencia. Así el descenso (que es ascenso) con Baldomero Llillo y los hombres del carbón a la mina, al socavón donde la tierra muestra y expone sus extrañas. Así la plegaria ante el negro abismante: “AMÉN DE LOS SOCAVONES.  No más hoyo , no más hoyo negro en la memoria”.

(De En carne viva). O en la Marcha forzada, que, por forzada, no se deja de marchar.  O en los poemas al detenido y la detenida desaparecida, donde se señala: “La muerte es el olvido de los vivos”.

O los horrores que expanden la geografía en una topografía y una naturaleza bárbara que va desde las siervas mugrientas del Potosí, a la mujer ceniza en santas hogueras eclesiásticas, a las apedreadas de la plaza Central de Kabul, a las martirizadas con ratas de cloaca en Villa Grimaldi/ o a los hombres asados al rojo de parrilla macabra y/ o enterrados hasta la testa para banquete de hormigas vietnamitas...” En su realización, los dibujos y grabados del pintor Guillermo Núñez contribuyen a acentuar la belleza y el carácter político del libro. Ojalá que como pide este poemario en De lo humano nos “toque algo bello por gracia de hombre”.  Ojalá que el loto del olvido no nos haga unos chanchos en la tierra de Circe,  signada por la desmemoria, ojalá que  ese SOLO Y GRANDE ANIMAL QUE RESPIRA Y EXISTE PARA SER HERIDO exista también para la fraternidad y la luz sin escarnio. Ojalá que el primate no retroceda de horror ante nosotros.

 

Damaris Calderón

 

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ANDI NACHÓN: PLAZA REAL.

FURGÓN: AL OESTE.

   

Por lealtad

 

se suben bicicletas al vagón, se les cuelga

de esos ganchos y la mano

sostiene confiada su bamboleo. Sólo

por lealtad hacia esta tarde

encaminada a noche, su tren cruza

estaciones del oeste

las pintadas y franjas

indemnes de rosas, naranjas para otro

atardecer entrevisto

al pasar sus ventanas. Sea entonces lealtad

 

este impulso a pedalear rumbo a casa

infinitos

gastos en transporte y cansancio

recostando las cabezas: apoyan rodillas, cuerpo

sentado al amparo de la propia

bicicleta que cuelga. Leal también

 

entra esta tarde en promesa

veranos inminentes y cambios

climáticos para polleras

 

algo más cortas si el fin

de semana se acerca. Duermen entre rayos

erizan cuadrantes, cadenas

 

pedales marcados por el polvo, óxido de eso

que es tu bici suspendida, una forma

de llagar a hora. Cada día trabajo y regreso. Retorno

de la tarde en otra

 

primavera de estreno. Come el chico

su sándwich de milanesa, sobre la cadera

apoya el manubrio o esa mochila

que su espalda carga y lleva

con cierta nobleza. Y dice resistencia

 

gigante un grafitti sella el galpón

fábrica antes ahora esos

vidrios rotos para ventanas

que hablan de cuál

posible resistencia. Paisaje alerta

a la espera igual a esos ojos

niños del joven

asoman la gorra y reflejan tantos brillos

sin decir dureza. Resiste un cuerpo

horarios y resiste sólo

en fidelidad a eso que ahora

está partiendo. Cruces

 

de otra estación suburbana, para el furgón o alianzas

que elevan bicis

por las ventanas: libertad

o luche y se van signados también

contra el atardecer. Vendrá la noche, otro

  

viernes madrugadas vendrán en fuga

tal vez días de festejo. A las seis

cuarenta y cinco apenas cuerpos

que conocen de tareas, cansancio o el descanso

cuando hiere el sol las ventanillas y en rayos

de la bici es reflejado para volver

otra vez al oeste de qué

paraísos probables.

  

SANTA LUCÍA: HOSPITAL DE OJOS

 

-Santa Lucía, déjanos ver.- Aquí donde esperamos todos

mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más

de cincuenta números antes, aquí, Santa

permítenos la espera- a mí, a los otros- cierta dignidad

en bordes poco limpios

inhóspitos

rincones estos de la pública

salud y heridas

 

por trabajos varios, soldadoras o astilla

que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí

ver claro cómo

esto alcanzaría para todos. A la espera con números

imposibles del cien al dos

diez ¿cuánto

habrá más que esperar para ver? Alcanza con el verde

 

pleno de febrero y alcanza para más

este estar acá. Guardia

médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo

sangrante del hombre viejo. Son de fajina

sus pantalones y uniforme, aquí

donde también él

 

tendrá sus sueños cuando espera y vos

al lado le tendés otro pañuelo.- ¿Es rojo

 

esto que veo? ¿Tiene el dolor

algún color?- “Santa Lucía, que estás aquí

hecha por nosotros- para nos- los que en fila

esperamos qué salvación : déjanos ver un probable

tiempo para todos

donde también este penar

tenga su sitio sin apostar al empuje

del otro para hacer lugar: “ Y hay algo

 

definitivo de barco hundido aunque alcance

el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro

ser nosotros y así

la luz completa de febrero

no se opaque ni se sostenga más

esa regla del pobre

para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas

  

cuando no estamos ahí

donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya

justificar . Lavandina más espadol, el alfajor que la nena

como inquieta en un rincón. Ciento

sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros

de la impaciencia al fastidio porque nada

logra a veces ligar en dolor, ni siquiera

cierta redención.- Pero estalla afuera esta mañana

única de febrero, cualquier posible

caminata al sol, el mismo aquí, en esa

 

clínica privada siempre aséptica no

la salud no se paga

no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.- Santa

Lucía Santa, recuérdanos que nosotros

y  los otros igual moriremos. Y alcanza

con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía

ser suficiente aunque la madre

da un bofetón a la nena, en esta calma chicha

tan parecida a sala previa

del huracán que borre toda

 

espera pero no. Vos

aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena

sino que a ver

 

vinimos aquí Lucía: solamente a vernos,

los unos a los otros, ya que este

espacio alcanzaría para todos

cuando casi esa mano

del hombre herido sobre el hombro

blando de su chica alcanza

también estas entrañas. Lucía aquí

vos despierta con nosotros.

  

ANDI  NACHÓN, Buenos Aires, 1970. Docente de letras y periodista.

Ha publicado: Siam, Nusud, 1990; Warzsawa, Bajo la luna nueva, 1996; Taiga no rio do Janeiro, Edicoes da passagem, 2001; Goa, Tsé-t´se, 2003; y Villa Ballesta-Ñuñork, Surada ediciones, 2003, entre otros. Los poemas aquí seleccionados pertenecen a

Plaza real, ediciones La Bohemia, Buenos Aires.

  

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OSCAR CRUZ, LOS MALOS INQUILINOS

Oscar Cruz, Santiago de Cuba, 1979. Graduado en historia. Poeta y editor. Ha obtenido los premios "Luisa Pérez de Zambrana", "Medalla del soneto clásico", "Juegos florales, Santiago de Cuba", "Mangle rojo" y el premio David, de Poesía. Reside en Santiago de Cuba. Los poemas aquí seleccionados pertenecen al poemario Los malos inquilinos.


ECLESIATÉS SEGÚN STALIN


hoy hablaremos de la muerte
del uno por el uno contra uno
hoy hablaremos de dios de Vladimir Ulianov
les propongo sangrar lustrar el cuchillo
hablemos hoy sólo hablemos del bigote
del pase de lista
de ciertas instrucciones para soplar
ah! Rosa Luxemburgo no la ROSA
en su concepto
la invariable flor de las compotas
del grupo varón en los graneros
somos gente sencilla
ante la muerte ante dios ante Vladimir Ulianov

lentas caravanas de hormigas
que arriban a la barbarie.


ESPEJO INTERIOR

no volverás a Ur a sus láminas
no cortarás acantos en el huerto del sajón
han levantado un reino en Miraflores
y dicen: habrá pasto peinetas sirias
mercaderías de punta en estuches egipcios

no volverás a la noche a sus tamaños
al duro gravitar de la memoria
tengo a cargo un latigazo un libro de Lenin
credenciales falsas de libre asociado

la tarde cae sentenciosa
y salgo a caminar por la bahía
converso con Flebas el fenicio
y todo es agrio desmemoria
todo fuga despacio a los salientes de la isla

las aguas me juzgan mal
simulan un jacuzzi una ruleta
traen nostalgias de Esparta de Moscú
de aquellos esplendores que siempre me dejaron

estas son las aguas de Virgilio
las mismas que asolan lentas
los salientes de la isla
no volverás a Ur no volverás
a menos que incendien Miraflores.


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DOLAN MOR: CUATRO POEMAS INÉDITOS EN ESTUDIO DEL SUR

Dolan Mor, Cuba,.. Poeta y narrador. Autor de El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov’s Butterflies (premio de la Delegación del Gobierno en Aragón, 2006), y Los poemas clonados de Anny Bould (premio Miguel Labordeta de Poesía, .

Antologado en Los chicos están bien: Poesía última (2007), Poesía para bacterias y en la próxima reedición de Las cuatro puntas del pañuelo: Poetas cubanos de la diáspora. Colabora en las revistas Turia, y Letralia. Sus textos se traducen al polaco.


Desde el año 1999 vive exiliado en Aragón.


A LA SOMBRA DE UN VIOLÍN PIENSO QUE SOY ANNE SOPHIE MUTTER


(inédito)


1


Veo una corneja que brilla sobre la rama de un abeto


mientras pienso en tu apellido (oh Franz Kafka) y medito:


---------------------------- -a) en tu familia sin dinero


--------------------------- b) en la empresa del cuervo


------------------------------- hacia el negocio


-------------------------- -c) en los alambres de tus cejas muertas


-------------------------- -d) en tu semblante enfermo taciturno


--------------------------- e) en tu cara de ave que me observa


------------------------------- delante de un espejo


--------------------------- - f) en tu nariz acaso el pico hundido


---------------------------- bajo la carne que destruye la vida.


2


¿Cuánta distancia existe entre tu muerte de escritor y un jardín


que florece con sus huesos o entre un bello cadáver que se viste


de lino y la palabra indescifrable “corvus“?


¿Cuánto silencio


--------------------------------------grumos en papel


--------------------------------------libros


--------------------------------------textos


--------------------------------------rosas portland


--------------------------------------escritos


--------------------------------------maldiciones de tos en sanatorios


para darnos al fuego sin sentido en misivas de amor


porque ese ha sido, oh corvus manedula, nuestro oficio?


3


Escucho una canción en alemán


-----------------------------es un violín con alas


porque, sabes, yo soy Anne Sophie Mutter que me hablo


--------------------------------------------------(a mí misma


de unos lagos en los bosques de Viena, del sol que se refleja


en el verano que buscamos, que huye como liebre


-------------------------------------------------------------salta


sobre las aguas


---------------------------------se diluye como pez en el tiempo.


4


A esa liebre, como dijera Wittgenstein, la busco, la persigo


en mis poemas, pero yo sólo veo la corneja posada entre las ramas


del abeto, aquí, lejos, en Rusia, a miles de kilómetros de Cuba,


a millones de polvos de tus huesos a cenizas de letras


que me arrastran a contemplar la luna tu apellido posado


en ese árbol contra el cielo cubierto por la nieve.


5


Al pronunciar tu nombre como un cuervo, graznar


hacia la noche tu apellido, salen las plumas negras de mi boca,


se clavan como agujas en mis dedos, escribo y sale viento


de mi mano, un aire que sacude las palabras te busco


como un niño que se pierde en un bosque de noche y sólo escucha


la corneja tatuada en el camino la corneja del Cid


(que es la de Pound) el viento de la niebla, sólo un niño


bajo un árbol de noche es un desierto al que llaman Milena,


un nombre sin sentido que no es nombre y vuela salta del suelo


hacia la rama y te pronuncia “ Kafka” .


6


Doy mi vida por amarte


----------------------------junto a la chimenea


----------------------------a orillas de la estufa


de esta noche en Moscú, huyendo de la cárcel, de los hierros,


herido por la voz de la familia que llama por teléfono,


me encuentran siempre triste alguien dijo mi breve dirección:


“está al norte del Volga, al sur del aeropuerto, llegó bien, pero hay hielo de muerto en su mirada”. Y las voces oh Kafka me recuerdan a ti entre la penumbra redactando tus obras para darlas con Brod al vano fuego.


7


Entonces la corneja que me mira y yo siento tu voz en su discurso,


familia eres del cuervo y yo contigo arrodillado tiemblo en la cocina


de un mal apartamento aquí, en Moscú. Digo “frambuesa”,


devoro una tostada sin caviar y aparece la rama despejada,


el ave permutó, se ha ido lejos, hacia dentro, como yo de mi tierra,


para siempre, perdido en unas fotos, en flashes de miradas


que separan a un pájaro de otro, una señal maligna


en el camino del hombre hacia su muerte.


8


Puede que un día:


----------------- - -a) quemen tus relatos


----------------- - -b) los tiempos ya no existan


----------------- -- c) se confundan tus padres


------------------ - d) familiares ya no estampen el sello


------------------ -- --de tu ilustre apellido en los paraguas


--------------------- -en membretes correos,


pero tú, Franz Kafka, demonio de los cielos destruidos,


siempre estarás posado en la distancia, aunque a veces los ojos


nos engañen y pensemos que vimos la corneja,


---------------------------que te vimos a ti


-----------------------------------brillar sobre el abeto.


ANNY BOULD


(inédito)


de: Los poemas clonados de Anny Bould


Un día imaginé que yo era Anny Bould


(una poeta que se ahogó en un lago de Suiza).


Pensé que yo era ella y que me levantaba


antes de que saliera el enfermo sol de noviembre,


tomaba un té con tostadas y me despedía


en silencio de mi pequeño perro.


Después pensé que bajaba unas escaleras de madera,


tomaba un camino angosto, recogía algunas piedras


del suelo y silbaba una canción de Morbid Tales


cuando iba en dirección al lago asesino.


Cuando llegué a la orilla del lago,


me acosté boca arriba sobre la hierba,


y hablé un rato con el cielo que a esa hora lanzaba


sus primeras luces sobre la ciudad de Lucerna.


“Qué bello eres”, le dije al cielo, y el viento


helado, que en ese instante previo a mi suicidio


sopló como unos belfos de caballo salvaje


alzó, como una tela de oro, mi pelo amarillo.


También pensé en el misterio de la muerte,


en las teorías sobre la metempsicosis de Pitágoras,


y en los primeros filósofos y poetas de la antigüedad.


Pensé en estos tiempos de clones y ciencias vanas


y medité en la maldad del hombre sobre el mundo,


“¿por qué tienen que pasar estas cosas?”


--le pregunté al viento helado que ahora se escondía,


como una rata invisible, entre los árboles.


Pero nadie respondió a mi pregunta aquel día,


y esto que ahora les cuento, esto que imaginé una vez,


sucedió también por noviembre, pero hace ya mucho tiempo.


Ese día que imaginé que yo era la poeta Anny Bould,


y que lloraba boca arriba sobre la hierba, acostada


a la orilla de un lago que apenas reflejaba


en su lomo la cronología y los misterios del universo.


Lloraba sin consuelo, y pensaba, como ahora,


en mi pequeño perro, antes de meterme para siempre en el agua.


CONFESIONES


(inédito)


Al principio yo anhelaba ser el príncipe de la poesía, el rey


de las palabras, un ministro de los poemas con una medalla


sobre mi oscuro pecho, una corona de oro alumbrando


con su dorada luz mi noble cabeza. Después, bajé mis metas


y me propuse ser un licenciado, un doctor en gramática,


políglota, un James Joyce, usar barba, un abrigo negro


hasta los tobillos, las gafas circulares, la pipa entre los labios


recitando los versos de Charles Baudelaire. (Recuerdo


que tenía la foto de Vallejo debajo del cristal de mi mesa


de noche y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos


cruzadas encima de un bastón con el puño de plata,


en forma de león, para creer un instante que mi nombre


era César. --Incluso estuve preso por parecerme a él.)


Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard: “para el hombre


que aspire a triunfar en la vida existen dos caminos: ser César


o ser Nada”. Y yo lo repetía con la convicción de que era


(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios. Sin embargo,


las cosas han cambiado y mi punto de vista se cayó en un


abismo. Ya no aspiro a ser príncipe, ni ministro, ni rey,


ni políglota un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire


porque ambos están muertos, y un hombre, si está muerto,


vale menos que un perro. Ahora aspiro a las cosas sencillas


de la vida. (Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.) Miro


el agua de un río sin pensar qué es el agua, me acuesto


entre la hierba y disfruto del sol. Pienso, respiro, siento


cómo limpia el oxígeno mi sangre, mis pulmones, late


en mi corazón. Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:


Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama para cantar


mis versos, también una ventana para mirar el mundo,


aunque no tenga un piso, ni un palacio, ni un templo. Un marco,


una ventana para asomar mis ojos, humilde, con asombro,


sabiendo que soy polvo, y, debajo del cielo, un animal o nada.


EL OBRERO


(inédito)


He traído un pico y una pala para cavar un poema en la hoja. Ya he pasado la primera capa de hielo que construye el silencio sobre el blanco papel. (Esa lámina fina, inmaculada.) Ahora rompo las piedras, los gusanos que aparecen debajo de mis dedos. Golpeo duro, golpeo en cada sustantivo, gerundio o participio. Las palabras parecen las hijas sublimes del metal más propicio. Ya introduzco mis pies dentro del hoyo. Los zapatos se ensucian, pero sigo golpeando con las vísceras, la sangre en cada movimiento que ejecuto. Golpeo fuerte, golpeo el sustantivo, adverbio, el adjetivo. Los minerales sangran debajo de mis suelas. Ya introduzco mis piernas, pantalones, hasta doy la cintura para abajo. Me quito la camisa, me desnudo. Se trabaja mejor en ese estado. Meto mi vientre, el pecho, los dos brazos para golpear con fuerza el agujero, perforar hasta el fondo del idioma, hasta el verbo del fango. Apenas veo hierbas, ya no hay árboles, ni casas ni consuelos en un círculo. Sólo están mi yo y mi doble ego dentro de mi cabeza. Pero no me amilano, mi espíritu no tiembla, duro golpeo hasta dejarme el músculo y quedarme en los huesos bajo tierra. Así, ahora, sin cielo, la tierra como un techo me ha cubierto, se acuesta como un monstruo sobre mí. Pero yo no me canso, sigo, muerdo la muerte con mi pico y con mi pala, las paredes, las rocas. Y así, sólo, en el agujero sellado bajo tierra, esperaré a que venga otro poeta a golpear como yo la dura hoja, a enterrarse de nuevo en el poema. Tal vez encuentre mi cadáver vivo que no para nunca (con el pico y la pala rotos) de golpear y golpear versos en vano.







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TRINAJE, CARMEN MARTIN.

I. Muñeca tatuada


Un rapto, espacio vacío buscando una mano.

Piezas inconclusas; un baile que fractura a los danzantes.

Una cara vagamente conocida, incesto blanco en una cama mineral.

El rostro del padre horadando mi cuerpo.



Una cara vagamente conocida


Yo.








Canta algo

Golpe deja

Nadie da



Estaba cubierta de polvo, en el piso, buscando sus dientes quebrados.

II

Un pájaro respira y mis manos que se cierran sobre él. Choque monstruoso, mixtura entre cuerpo y cristal.


Yo no voy. Camino entre figuras maquilladas. Yo espero algo que no llega.

Mi presencia me abandona.


Tratando de explicar la postura de las manos, el orden de la letra en la palabra silenciosa. Música funesta. Pájaros.


El canto terrible de los pájaros: disonancia. Como si no pudiera existir un orden.

Canon de gritos agudos, olas de sonido desigual.


Despacio, entrando. Los lados de la espalda. Pájaros en las esquinas. Pájaros en las muñecas. Pájaros precipitándose en el ápice de las palabras. Palabras que no dicen.

Palabras que no son.


Un contrapunto que palpita en los rincones. Que designa el cómo y qué de cada cosa.



Doblo

estructura

recibo

silencio.


Imagen inversa,

amalgama nefasta:

mi rostro

sobre mí.


SACRO

FACTUM

no existe sonido

no narra palabras

no dice la voz

se abstraen los tonos

se hace el vacío

no hay forma

ni asidero

ni reflejo ni sustancia


Mi cuerpo es un vestido

quebrajado y doloroso


No narra palabras

No dice la voz.



Queriendo hablar no pude entender la forma de mis palabras.

Un no verse: los rostros mezclados, una cara compuesta de un puñado de facciones arrojadas de golpe sobre una cama deshecha

La misma cama donde yo

Queriendo dar nombre al silencio, me abría y me cerraba sobre mí.




Dicho un metal

destinado hacia el oro


Respira.


Abre y encauza

por las trizaduras de la

espalda,

las estrías que designan

a los elementos

y su combustión


Pegarse, frotar

hacer la luz en

el azogue


impulso

tendencia

compulsión a la repetición


La selección de los poemas aquí presentados, pertenecientes a Trinaje, obtuvieron el Premio de Poesía del Concurso de Literatura de la Universidad Finis Terrae, el presente año. Trinaje, primera obra de la autora, verá la luz próximamente por el sello editorial Las Dos fridas.

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PRESENCIA INTERMINABLE DE JOSÉ.

José Kozer estuvo entre nosotros en los meses recién pasados. Prodigándose, dictó cursos en la Universidad del Desarrollo de Santiago de Chile, dio conferencias, habló y escuchó a los jóvenes y no tan jóvenes poetas que se le acercaron. Presentó dos libros suyos, "Mueca la Muerte", editado por la Editorial Normal, Colección Siete vidas y" De donde oscilan los seres en sus proporciones", publicado por Ediciones Del Temple. Leyó en un stand en la feria del libro de Santiago, sin micrófono, ante los oyentes que nos sentamos en círculo, en el piso, a escucharlo. Conversó, caminó Santiago, viajó a Valdivia y allí leyó también sus poemas. Se robó unas cuantas palabras chilenas, como gavillas con la que hizo un nuevo libro de poemas. Nos dejó una estela de humor, de amor, de diálogo entrañable. De todo ello quiere dar cuenta El Estudio del Sur, en este pequeño homaje a la presencia interminable de José.

LA HERIDA


Bajo la saya, anfractuosidades.

Y debajo sin inscripciones las alas extendidas de un ave
de pergamino.

Escarcha: debajo un arabesco de pezuñas.

Un rasguño: se filtran aguas desteje el aire una acrobacia
de pájaros, disueltos.

Está viva, es lo cierto: rotundos hormigueros.

La mujer es un pájaro de gasas sus muslos un hilo ámbar
(otro) jirón de la seda.


Pertenece a: DE DONDE OSCILAN LOS SERES EN SUS PROPORCIONES.


ACTA

La facultad de ser caballo no la poseo (todavía).

Mi madre en su condición actual podría poseer las facultades
de la acémila, lento
corpachón, ancas anchas, el peso
mastodonte (penachos al aire) del
percherón: podría caracolear que
no me daría cuenta; piafar, no oiría;
parirme, no tendría yo la condición
equina: evidente, todo nos separa
más que nunca.

De la a a la g, que yo sepa, no nos unió nada: el resto del
abecedario bien puede
ser una admonición de vacío indicativa
de la inexistencia de Dios, pongamos:
que ella vive a su modo metempsicósico,
yo sentado al porche de una destartalada
casa de chillas despintadas, la mecedora
rechina, la tela metálica con más agujeros
que una criba, criban y criban muertos, de
un río lejano llega brisa, olor a fango, a
fenol, cloroformo, (cada seis horas le
inyectaban morfina): un chupamirtos liba
sosteniendo la existencia del polen y del
aire, una migración de abejas, una
proliferación de esporas, el universo inescrutable de los microorganismos
sobreexcitados a la hora del descendimiento
de mi madre: a su último artificio, la más
estólida expresión de dios.

El Dios en exceso expresivo de los judíos.

La zarza la miel el queso de oveja.

Una muerte deslucida donde culmina la generación (éxodo)
de mi madre.

Estable inestable, el acertijo y el talismán han concluido:
me preparo poco
a poco para cambiar de forma, imagino
entre otras circunstancias a mi madre
entrar a un reino sin horizontes (bridas)
(estampidas) ella la bella potranca baya
que se precede en el transcurso de un
segundo a lo milenario dislocando lo
que cesa.

DE: MUECA LA MUERTE
La intensidad perceptual, característica de las más constantes en la poesía de José Kozer, realza en este libro la inagotable mutación de sus imágenes. Zona de riesgo donde se juega de suyo una voz, cantante-incantatoria, inconfundible. Viajero de la senasación, el poeta conecta lo disímil, lo aparentemente disociado , y retrotae el lenguaje a la palabra: su inmersión en la multiplicidad del sentido(…) La expansividad de la poesía de José Kozer no representa, entre nosotros los de su misma lengua, una apuesta expansionista; en su abigarramiento, tiende más bien a la gestación de un espacio misterioso, horizontalmente asediado por el vértigo verbal y sus infinitas iluminaciones y tormentos. Esa dimensión acontece en lo orgánico de sus formas compositivas. Crucial afectividad hacia cada una de las palabras que integran su tejido, su reguero detonador, su acción de gracia.

Reynaldo Jiménez

(Palabras a De donde oscilan los seres en sus proporciones).

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UN DIVERTIMENTO INÉDITO, DE JOSÉ KOZER, (JK), ESPECIALMENTE PARA EL ESTUDIO DEL SUR

DIVERTIMENTO


El chiste estriba en pautar el día con precisión milimétrica y de
repente soltar amarras.

Al llanto de la cebolla no hay que temer, la lágrima de cocodrilo,
siempre y cuando sea verde, es
buena compañía.

Entre lo suelto, saltar a un bote de remos, llegar a un punto
conocido (nada de centros ni la
cabeza de un guanajo) irse (ahí)
a la deriva: ¿a qué? Da lo mismo.
Tumbarse a lo largo de la eslora
a tomar (gris) sol, abrir la caneca
de vino de arroz, una de vino y
una de encurtido japonés. Ver
pasar nubes empingorotadas
semejando sargazo alejándose
(agradecedlo a la marea) de
la costa. Quitarse la trusa y
manteniendo el equilibrio a
babor, echar una meada
prolongada de la que beba a
saciedad unas onzas el pez de
carnes blancas que servirán
a la Primera Dama del pueblo:
ahí está el chiste, en ser el más
meón (socarrón) de los poetas
asiáticos (habidos y por haber)
del lago (presente).

A solas, claro está, que es así como se disfrutan los resultados:
meado chino compuesto de grandes
dosis (apelotonadas) de arroz
delicuescente, una naranja agria
para someter los rigores de la
carne de pato dulce, su porción
de verduras en largas tiras
pasadas un minuto por la gran
sartén comunitaria, el aceite
hirviendo: ese líquido gualda
pespunteado por espesas gotas
de microorganismos de letal
naturaleza, tras subirme la
trusa fue a parar a la negra
cerveza del burgomaestre, a
la sopa de choros y machas
de la jamona del moño teñido
de caoba, y por supuesto, a la
pareja (mona, muy mona) de
zangaletones que trajeron al
mundo: la chica ya de mis
meadas adquirió color de
ictericia, el chico (atildado)
de zarrapastrosa entraña,
fija el ojo en cifras que, meado,
pronto arruinan a la familia: y
yo me meo de risa. Remo de
regreso, tras haberme soltado
el pelo, durante dos o tres horas
a la deriva por el Lago de Todos
los Santos: vuelvo (repuesto) a
mis quehaceres del día
(quehaceres de Todos los Días)
ahora sí que sí la cosa va en
serio, el cuajo está en ir chano
chano, nada de premuras
(a menos que surja un retortijón
peristáltico).

Los países son estrechos, las alcurnias les quedan anchas, y yo mejor
me quedo en casa, a mis ventosidades:
haya paz (estomacal) en toda la tierra
(de cultivo) un mausoleo en honor al
subproducto universal de todos los
vientres, no hay heredad ni continuidad
de la especie, sin retortijones. Así lo
quiso el Buen Dios: sin tachas recojo
con letra erguida lo bimano entre lo
subrepticio infrahumano que en mucho
(la gota fétida; la caca hilacha) nos
empareja. Estoy contento (al milímetro)
de escribir, colateral; y por caminos
indistintos, preparar mis sopas bobas,
a costillas del fisco, o de imaginar cosas
que luego son (de pronto). La papa
proviene de mi huerta (no paga impuestos)
el caldo transmeado es líquido infuso
(olímpico) que un dios pagano desde
adolescente me concede (tampoco es
tasable): remato la tarde, ajeno a toda
contrición o volición, sentado (arcádico)
sobre el poyo (bajo el olmo) a la entrada
de una cabaña (por virtual, real) fumando
larga pipa de opio, su larga sombra de
bambú se funde con la sombra larga de
una coleta a mis espaldas, a medias
Tu Fu.




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JOSÉ KOZER EN VALDIVIA

Por Verónica Zondek

José Kozer, poeta prolífero y torrencial, nació en 1940 y emigró junto a sus padres a Nueva York en el año 1960 donde a partir de 1965 y por 37 años, enseñó lengua y literatura en Queen’s Collage. Desde que jubiló en el año 1995 reside en Hallandale, Florida. Nació y creció en La Habana en el seno de una familia de judíos inmigrantes de habla yiddish además de las vernáculas provenientes de Checoslovaquia y Polonia, por lo que desde muy pequeño conoció la fuerza poética que suele entregar la extrañeza de la lengua, asunto que luego quedo mas reforzado aun con la urgencia de aprender el inglés y poder sobrevivir en el nuevo medio. Kozer es un poeta que ha sido catalogado y que se auto-cataloga como vemos en la ya famosa antologia Medusario, de la cual es uno de los autores, como neo-barroco. Sin embargo creo que a pesar de que efectivamente desarrolla un gusto por la textura y un amor gozoso por la expresión compleja de la lengua y ademas saborea el ritmo hipnótico que le permite acceder a sentidos ocultos y polifacéticos, pienso que Kozer es también y gracias a su calentura y afán por el cotidiano ajetreo y a su relación íntima con los objetos cotidianos, a la evocación y ensoñación a la que lo conducen ciertas palabras o hechos o historias, un poeta conversacional y que mucho le debe al chisme entendedor y comunicador. Profundamente involucrado con el mundo que lo rodea es también un buceador nato de las honduras y preguntas esenciales del hombre. Es como si a través de esa aventura y los detalles que recoge y apila sobre el papel, lograra de algún modo encontrar un orificio por el cual deslizarse y arrastrarse hasta asir con las palabras ese mundo intercultural y asimilador preso en la maraña de la memoria y donde logra finalmente conectar su actualidad viva con aquella que antes vivió o vivieron aquellos que cementaron los muros de su casa imaginaria y ambulante. Es justamente a través de lo fónico y lo rítmico, que atrapa y logra plasmar la realidad concreta, la que gracias a un engolosinamiento casi o definitivamente sensual, actúa como detonante de la imagen, de la historia y de la memoria que se abren paso en la escritura. El lenguaje explora e ilumina el misterio que sobre esa superficie se presiente. El poeta navega con simplicidad y anota gracias a los afluentes judaicos, cubanos, latinos y también al peso del acervo mitológico y fundacional de la cultura occidental y oriental, el rico mosaico a través del cual nos expone su original y generosa construcción poética. No hay excluidos. Tampoco mensaje moral sino un reconocimiento a la riqueza y diversidad de un mundo que hace esfuerzos inusitados por homologarse y a la vez hacerse, accesorio útil y eficiente. Toda esta escritura adquiere finalmente una polifonía sonora y significante que produce amplios y variopintos sentidos. Brilla en estos poemas prosísticos una fe en la poesía como cuerpo de investigación, asunto que la aleja definitivamente del escepticismo post-moderno que parece borrar todo parámetro de interés humano, excepto el que iguala peras con manzanas y que anula de un paraguaso la sabrosa y rica impronta que aportan las diferencias: es decir, esos filones por donde es posible penetrar y encontrar lo oculto. Poesía entonces, comprometida. Comprometida con lo cotidiano, con el mundo y con la búsqueda humana de lo inefable, y sobretodo con la natural sincronia de lo latino. Y vuelvo nuevamente a lo de neo-barroco, porque es justamente este viaje por las diferentes texturas del lenguaje, la prima herramienta que el poeta Kozer utiliza con maestría para lograr un lenguaje poético que aún nos interpela. Debo decir que es esta lengua ‘Kozeriana’ la que finalmente se constituye en un mundo posible y habitable para el poeta trashumante.
Quiero agregar por último que pienso que su desarraigo arraiga en el mundo creado. La lengua: hogar de recuperación y creación. Es aquí donde Kozer construye una posibilidad cierta de lo humano al ser resistencia y oposición ante el tráfago devorador del ritmo vital actual y por ende, una lectura de sus poemas se convierte para nosotros los lectores en un espacio natural de reflexión, conocimiento y vuelta a los sentidos y percepciones que algunos van queriendo por ahí, que olvidemos.
Antes de dejarlo con Uds. algunos datos bibliográficos:

Kozer escribe todos los días. Ha publicado 40 libros de poesía. Los más recientes por Tse-Tsé en Buenos Aires, Fdo. de Cultura Económoica en Ciudad de México, Letras Cubanas en La Habana y por Editorial El Temple y Editorial Norma acá en Chile.

Dejo con Uds. al poeta y cualquier duda, pregunta o información, pueden formulársela directamente al final de esta lectura

Valdivia, Octubre 2007

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FRANCIS BACON. SELFPORTRAIT.

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IMITACIÓN A POE EN LOS PAÍSES BAJOS. DOLAN MOR.

Era invierno con lluvia (decían los cristales
en el Hot Spot Café) / Era invierno / yo estaba
en un bar y bebía mientras telefoneaba el número
de un club (un teléfono móvil para hablar
de negocios con una prostituta
que tuviese las manos dulces como la seda) /

"Bebería tu carne como tela de vino
si envolvieras mis huesos / bebería tu boca /
el alcohol de tus senos / y el canal de tu espalda
al bronce de una lámpara "/
--decía una canción en el Hot Spot Café--

El neón de la lluvia tejía sus diamantes
ocultos en la noche de los barrios de Amsterdam /

"Te llamaba / Dios mío --dije mientras bebía whisky
de un largo sorbo-- para quemar mis huesos
en una habitación / Media hora de lujo en tu casa
de citas o en el club donde actúas esta noche invernal"
--terminé en un susurro que apenas se escuchó--/
pero me contestaron en francés al teléfono /
me dijeron: "la lluvia se posa en tu ventana...
/asómate / si puedes en el número 3 de la calle
Enge Kerksteeg / apuñala en tus ojos el fervor
del pecado / desenvuelve una a una las plumas
de tu falo / piensa que ahora tu sombra se convierte
en el cuervo que un día fue Eleonora" /

No supe contestar porque no creo en nada /
ni en Sartre ni en Madonna ni en los cuentos
de Kafka / Sólo la calle el cine alimentan mis horas /
Discotecas pastillas polvos golpes nevera en los bares
nocturnos como hoy que llamaba / mientras
el barman cobra otro whisky sin hielo...

Ya cruzo los canales que bajan a los cielos
para verme con Dios travestido de Palas /
Me abren la puerta y entro / pero quien me recibe
es un bello cadáver con los labios cosidos /
con los senos azules / las nalgas como lirios
de esperma / y la vagina levemente operada...

Entonces me despierta el agua de la ducha
cayendo en el hotel donde estaba dormido
con un vaso de vidrio inclinado en la mano
(creo que era el Schiphol porque escuchaba aviones):

Me había empastillado sentado en la bañera /
con un libro de Poe abierto entre las piernas .





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RENÉ PORTOCARRERO

Archivado en General con fecha 12/nov/2007 - 0 comentarios
 

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