Estudio del Sur

Bitácora personal con apuntes sobre literatura, narrativa, poesía, plástica, filosofía y otras (in) disciplinas

EL REMOTO PAÍS IMPOSIBLE. Damaris Calderón

18 04/11
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Poemario publicado por Editorial Fuga y Ediciones Las Dos Fridas, Santiago de Chile, 2010.

LA ANUNCIACIÓN

  

La vi en la máquina de coser

en la cara deforme de las vecinas.

La trajo el vendedor de pan  de periódicos.

La vi jugando beisbol

(en pelotas).

Me acorraló

Me abrió en dos el pecho.

Me raspó con espátula.

Después ya no vi más.

 

La tuberculosis tiene cara beata.

Y las beatas,

de niñas muertas.

 

Es ese alcohol de alucinación amarilla

del mediodía en los campos pobres de Cuba.

 

(Mantener las rodillas fuertes

para interminables vagabundeos.

Conseguir el color hueso de mis huesos).

 

Un lobo hambriento y solitario.

 

Un lobo hambriento y solitario

pinta

en la alucinación amarilla

del mediodía de los campos de Cuba

(donde todo desaparece)

su propia sombra.

 

Mi propia sombra tiene piernas largas

salta el corral

se emborracha

se extiende como una sábana

donde recojo la luz.

 

Miren el blanco rasguñado

El trapo nacional

El sudario.

 

Mírenla bien.

Una mortaja no es otra

cosa que un trapo

con pretensiones

solemnes.

Sólo he pintado mortajas.

El blanco rasguñado

El trapo nacional.

El sudario.

 

-No hay amor, soplaron las cañabravas, vacías,

como los cuerpos huecos de las palmas.

La madre se hizo un terrón en la mano

 y la mano, un puñado de hormigas.

(Las cañas bravas  diciéndonos lo mismo, cortándonos las piernas): -No hay amor.

Los peces muertos y los caracoles, hablando el oscuro dialecto.

Los plátanos tumbados en tierra, por la tormenta, guardan en secreto la poca luz.
La madre tropieza y levanta los troncos,

pone a secar (extiende) la sábana blanca, el sudario, la poca luz.

 

¿Pero qué esconde

el bodegón sin frutas

la alucinación amarilla

el mediodía pobre en los campos de Arles

 de Cuba?

¿un esputo?

¿una oreja tuberculosa?

¿Dos peces muertos o dos peces vivos,

moviendo las branquias,

haciendo lo suyo,

por respirar?

 

Sáquense los ojos.

Vengan a ver.

 

Y entonces vi lo que no habría querido

pero una no elige.

Los cuerpo rojos

los cuerpos azules los cuerpos larvas

los cuerpos-no cuerpos

la procesión

el dueño de los caballitos

el residuo

el desecho

el Cristo saliendo de Juanelo

en la luz negrísima

del trópico.

   

LOS FRUTOS QUE LA DEMENCIA IMPULSA

  

Los comimos al alba

de noche los comimos

en los amaneceres

Interminables

En los mediodías

de los pobres campos de Cuba

cinco generaciones

de hambre

    hija de

    nieta de

    madre

    de…

la ausencia del fogón

ojos  vacíos que nunca fueron perlas

la ropa sucia puesta a secar y el muñón

y el monzón

el huracán

la tierra removida:

-¿ en qué lengua hablábamos cuando hablábamos?-

el viento vino devastó y se fue.

 

Una vuelta en redondo

y caer

como la palma fulminada

                    

Los cuerpos se ponen a secar

los brazos se clavan en cruz

la cruz se convierte en hoz

ciega

siega.

La crucifixión amarilla

en el mediodía del sol de la tarde

en los amaneceres de Cuba.

El sembrador

el recolector de semillas

el segador

el verdugo de turno.

La cruz la hoz

hogaza de pan

mendrugo.

Ahí los hombres

los campos de cultivo

las extensiones infinitas

de los brazos y las paralelas.

Todo en un mismo haz apretado.

Los cuerpos se secan

los brazos vuelan y se clavan.

La hoz siega

ciega

en el mediodía del sol de la tarde

los pobres campos de Cuba.

La crucifixión amarilla.

 

EL DESIERTO FAMILIAR

  

La familiaridad del desierto el vacío va instalando sus formas

el deseo desaparece/ avanzan las dunas: padre muerto, enamorada muerta, amor muerto,

cruz metálica sol milenario recién nacido que se comen el viento y la arena.

La invención del tiempo, la invención del reloj de arena la invención del cronómetro el auricular el diccionario el silabario el relicario la mano.

Una civilización, un país: un puñado de escombros.

Humus, árbol, cenizas, hojas, ojos, manos, panes, peces, la boca, el alimento de la boca, granos, pájaros, intestinos, semillas, hojas, humus, detritus, pies, pisadas, letras, fórmulas, canciones, descubrimientos científicos: un puñado de escombros.

El dialecto  del desierto, la conversación imposible: el hambre del hombre, el hambre del desierto,   dos molares incisivos enfrentados, caravanas interminables, señales desesperadas, ilegibles. Una mandíbula de caballo: la carroña profética entre el roquerío.

La falange del desierto, la legión de soldados de arena  diluyéndose en la arena,

la canción dentada, monótona,  sin fin, donde no existe nada,

salvo el desierto, que avanza, cuando el deseo retrocede.


EL BIOMBO DEL INFIERNO

  

El pellejo del sol

teas   carbones   carboncillo

manchas / trazado a manchas

rayados

holografías

una balsa sobre cuatro toneles

de ron

náufragos , puntuales, que siempre regresan, sirenas

a medio camino, hombres

batracios atravesados por  anzuelos

arpones.

Cuerpos proyectados en la sábana blanca sucia

del mediodía de la tarde de las mañanas

de los amaneceres interminables

en los pobres campos de Cuba.

El huracán.

No Dánae ni el Nilo entretejido

por corpulentos animales de nieve.

El huracán.

El diente’eperro

El diente’eperro

mordiendo las costas   los tobillos

la ponzoñosa vegetación tropical.

 

Hinchadas de opio

de un pueblo que se deshace dejando sus testimonios,

moradas como cardenales,

como hematomas,

las lustrales aguas.

 

El sueño chino de un pintor opiómano

traza en una caligrafía vacilante la piel difunta

las figuras infernales.

       

Como si fuera el Escamandro

salido de madre

o la madre

salida de una ensoñación,

vaciados los ojos por lo real,

el Mayarí

las aguas

partiendo la isla

el pan duro

una y otra vez.

Si viéramos

si el ojo todavía fuera

si pudiéramos ver

alguna luz

si las palabras no estuvieran también húmedas, hinchadas

una bandera puesta a secar

una bandera que no se seca

una bandera que envuelve a un hombre

(lo desampara)

en la crecida del río

¿un estremecimiento?

 Un pedazo de carne viva manifiesta su vida ante todo por el estremecimiento;

una pata de rana bajo una corriente eléctrica se estremece; el aspecto próximo o el contacto de una cosa horrible o aterrorizadora hace estremecer cualquier masa de carne, de nervios y de músculos.

Vieron entrar al gran Príamo. Se detuvo,

apretó las rodillas de Aquiles, besó sus manos,

terribles, matadoras de hombres, que le habían asesinado tantos hijos.

Pinar del Río, Gibara,Viñales

Casas color terracota desaparecidas en el humo de un habano

 en la corteza quebrada, mitad pústula mitad piña laqueda por la frente

las vacas descuartizadas pasan para qué manos de un nonato Chagall.

Pasan las palmas degolladas

la familia los campesinos famélicos felices.

La cresta roja del gallo va tiñendo la isla de un rojo sepulcral.

Jatibonico, Chaparra,

se van perdiendo  los nombres,

las imágenes corroídas por la sal.

El miedo iguala el estremecimiento de una pata de rana

al de un hombre bajo una corriente eléctrica.

LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES SON TRES:EL SUR Y EL NORTE.

23 04/09
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(Prólogo a la edición cubana de Arte y Literatura, Instituto cubano del libro, 2008)

 

Enfrentar la poesía chilena hoy, es aceptar encontrarse con un corpus móvil, proliferante, hecho de los más diversos cruces(y cruzas), un corpus que se apoya tanto en lo textual, en la reescritura del modelo que enfrenta,  como en la parodia, el pastiche, el perfomance o la tradición.

El presente trabajo, más que una antología o un panorama de la poesía chilena, se propone como un fervor, como una serie de lecturas de esta poesía, realizadas por una lectora atenta, que quiere compartir, con el lector cubano estas lecturas. Antes de pisar tierra chilena, conocí a este país por su poesía y por sus cantautores, luego, he seguido tratando de comprender , de entender al país de los volcanes y las cordilleras, (que no sólo es paisaje y que hace rato es país), a través de sus artes, de su literatura, de sus artistas y las imágenes que estos han creado a partir de él, para él.  He querido mostrar aquí los estratos diversos que conforman una cultura, que van desde las manifestaciones orales y populares hasta la escritura y un saber letrado como formas de expresión. Parto recogiendo la poesía de Rosa Araneda, la poeta más destacada de lo que se conoce como La Lira popular chilena,  fenómeno de la literatura de cordel, que se da en el siglo XIX chileno, cuando las expresiones populares del campo empiezan a extenderse a la ciudad y” las versá “populares, los cantos “a lo pueta”, pasan también a imprimirse y a cantarse en un ambiente citadino, incluyo también la voz del poeta modernista chileno, Carlos Pezoa Veliz, insuficientemente estudiado aún. ¿Cómo no recoger dentro de la poesía chilena a la notable figura de Violeta Parra, una de las exponentes mayores de su cultura?  ¿Cómo no reconocerla, aquí, como la poeta enorme que fue, que se expresó en canciones, en décimas autobiográficas,  en décimas y centésimas, en arpilleras, en óleos, remitiendo su creación a la verdadera poiesis? De rigor, como los cuatro jinetes del Apocalipsis, aparecen Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra. Conocido por el lector cubano por sus Gemidos, incluyo también la voz de Pablo de Rokha y de esposa Winette de Rokha y su hijo, también poeta, Carlos de Rokha. Recojo también la poesía de Roberto Parra (otro de los hermanos de la frondosa familia Parra) que se hizo conocido sobre todo por sus cuecas urbanas, llamadas también “cuecas choras” o “cuecas bravas”, por el ambiente de los barrios bravos, marginales, donde surge.  Un espacio indispensable se le hace a la Nueva canción chilena, entendiéndola como una de las formas más vigorosas de poesía en el momento en que ocurre. Dentro de ella incluyo a cantautores como Víctor Jara y Patricio Manns, aunque la muestra podría haber sido más amplia y se constriñe por el número de páginas.

Incluyo también una muestra de los autores que formaron el grupo surrealista chileno Mandrágora, el de más larga duración en Latinoamérica. Ahí están las voces de Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. También a los figuras indispensables de Rosamel del Valle y Eduardo Anguita. Incluyo también una muestra de poesía mapuche, cultivada por algunos de sus autores en el bilingüismo, es decir, desde sus lenguas nativas, el mapudumgun, hasta su traducción castellana. ¿Cómo excluir de estas lecturas al movimiento de mujeres y  la poesía escrita por ellas a partir de los años 80? Ineludibles dentro de ellas son las voces de Elvira Hernández, Verónica Zondek, Carmen Berenguer y Soledad Fariña, entre otras, acá incluidas. Un espacio particular merecen también Tellier, con su poesía de los lares, Enrique Lihn, con su trabajo intelectual extremado, llevando el verso, el lenguaje hasta las simas de su imposibilidad, en una tensión mayor que sostiene hasta su Diario de muerte. Las voces de Gonzalo Rojas, de Efraín Barquero y Oscar Hahn también forman parte de estas lecturas de rigor, así mismo las de Juan Luis Martínez, cuyas interesentes exploraciones sobre el lenguaje y la supresión de la autoría (o su intento) lo hacen un referente obligado, también a Rodrigo Lira, a Alfonso Alcalde, “supersuicidas” y superpoetas. Destacan dentro de las figuras de los 80 también las voces de Raúl Zurtia, con una poesía que desafía a la página, que busca una escritura total, en el cielo, en la tierra, en el cuerpo, y la de Tomás Harris, autor de una épica (o antiépica) personal, mítica, que le permite construir un Cipango en la Concepción de Tebas de Santiago de Chile.

 También aparecen otras voces que ya tienen un lugar destacado dentro de la- llamémosle por comodidad, por convención- poesía chilena actual. Son autores nacidos después de los años 60, cercanos del Golpe del 73 o que crecieron en él (y después de él), autores donde está presente la violencia y también la apertura de otros imaginarios, poetas que recogen y le dan nuevo impulso a la poesía surrealista chilena del grupo Mandrágora, a la influencia de Lihn, a la poesía lárica de Tellier, la antipoesía de Nicanor Parra, la escritura total y cosmogónica de Raúl Zurita, o los hallazgos de Neruda, Mistral, Huidobro, entre otros autores, además de las vanguardias latinoamericanas. En esta muestra he recogido  poemas de Javier Bello, donde se agrupan, en su voz, resonancias del surrealismo, de las vanguardias, del barroco, de Víctor Hugo Díaz y Armando Roa Vial, más cercanos a la poesía de lengua anglosajona, de Antonia Torres, donde el discurso lírico deja sentir la concisión de la poesía italiana con los paisajes del sur de Chile, de Jaime Huenún, un poeta mapuche, que crea una poesía mestiza, donde aflora la naturaleza y las leyendas ancestrales de su pueblo y también la violencia ejercida sobre él ,o un autor como Rafael Rubio, que recrea el siglo de oro Español, con túetanos vallejeanos, que hace suyos. Incluí además las voces de Malú Urriola y Nadia Prado, donde también están presentes el lenguaje coloquial, el rock, las noches de adrenalina, los imaginarios y el lenguaje excluido de la ciudad letrada, o la poesía de Héctor Hernández, donde se reescribe las Alturas de Machu Picchu, de Neruda, desde un hablante que se declara Divina y bastarda, traidor de su padre (de sus imaginarios), una poesía que se ha señalado dentro del ámbito de lo queer y el neobarroco, quizás más precisamente, del neobarroso, cercana, por estos ámbitos, a los experimentos de Néstor  Perlongher. No surgen estos autores por generación espontánea, no pertenecen, de hecho, a una generación, vienen precedidos por los esfuerzos de autores como Juan Luis Martínez, que abre nuevas posibilidades para la poseía chilena con su Nueva Novela, vienen precedidos por los trabajos del Grupo CADA, creado en 1979, un colectivo de artistas multidisciplinarios (Raúl Zurita, Diamela Eltit, entre otros) que van a entender las artes como acción e intervención, o el movimiento importante de la poesía femenina chilena, que se produce en los años 80, con voces ya mencionadas como las de Verónica Zondek, Elvira Hernández, Soledad Fariña, Eugenia Brito, Carmen Berenguer; dialogan, además, con sus contemporáneos de otros latitudes: (la poesía peruana, chilena, argentina, mexicana), imprimiéndole a sus textos un aura que los excluye  de nacionalismos y localismos restrictivos. Otros autores también conforman la muestra, como Germán Carrasco, Kurt Folch, Verónica Ximénez,  Paula Ilabaca, Damsi Figueroa, Bárbara Délano.

Debo aclarar que la presente muestra no recoge, en su soporte material, todas las gamas en que se ha desplazado la poesía chilena : esto es, el carácter objetual y visual muchas veces de la misma: Los artefactos de Nicanor Parra, por ejemplo, el trabajo entre poesía y plástica, las performances que muchas veces han acompañado a algunos de estos textos, la relación entre poesía y música con que han trabjado algunos autores.

 No obstante espero (aspiro) a que estas páginas deparen más  de una sorpresa al lector.

Quiero agradecer a Chile y a sus poetas el conocimiento que me han brindado, al Instituto Cubano del Libro y a la Editorial Arte y Literatura por la posibilidad de materializar este libro y agradecer también a mi compañera, Lourdes Castro, por ayudarme a ordenar el profuso material.

Damaris Calderón

Septiembre 30, Santiago de Chile, 2008.

(SELECCIÓN) 

MALÚ URRIOLA Santiago de Chile , 1967. Ha publicado: Piedras Rodantes, 1988. Ed. Cuarto Propio; Dame tu sucio amor, 1994. Ed. Surada; Hija de perra, 1998. Ed. Cuarto Propio; Nada, 2003. Ed. LOM. En el 2002 recibe la Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para realizar el proyecto poético de intervención urbana Poesía es +: Lectura de poesía desde globos aerostáticos. En el 2004 Recibe el Premio Mejor Aporte Televisivo, que otorga el Servicio Nacional de la Mujer a medios de comunicación, por el guión Sofía, (Una historia de maltrato a la mujer) dirigido por Christine Lucas, serie “Cuentos de Mujeres”, transmitido por Televisión Nacional de Chile en el 2003. En el 2004 se le otorga el Premio Municipal de Poesía y el Premio Mejores Obras Editadas 2004, que otorga el Consejo Nacional del Libro, por Nada. En el 2005 recibe la beca de creación literaria que otorga la Fundación Andes para escribir el libro Bracea En el 2006 recibe el Premio Pablo Neruda, por su trayectoria poética. Trabaja, además, como guionista de televisión y cine.

 

 

Cuando no estás me faltas como si me faltara un brazo, daría un brazo por no sentir esta falta... daría un brazo, pero no el brazo con el que escribo. El brazo con el que escribo no se lo doy a nadie, si me deshiciera de este brazo moriría atragantada. Este brazo es el que aprieta mi vientre, el que hunde su mano en mi garganta para que las palabras salgan, porque mi brazo sabe que las palabras son como trozos de carne que me atoran, si no tuviera este brazo tampoco podría hablar, porque este brazo es mi lengua, con este brazo puedo decir lo que la lengua se calla, podrían cortarme la lengua pero no el brazo, por eso no siento ningún miedo cuando tengo la lengua dentro de tu boca, porque aunque la arrancaras me quedaría este brazo. Con este brazo me sostengo, con este brazo lucho cada día. Cuando me pierdo es este brazo quien me encuentra, cuando me desespero es este brazo quien me calma, este brazo es mi memoria, este brazo es quien me saca a flote, quien jala de mí, quien me aturde para arrastrarme hasta la orilla, este brazo se compadece de mí más que nadie, me saca el agua que he tragado, me golpea el corazón para que ande, si no fuera por este brazo no sé qué sería de mí, por eso sigo a mi brazo, porque este brazo es capaz de encontrar lo que yo no hallo, por eso es él quien escribe, porque si escribiera yo, no encontraría las palabras necesarias, en cambio mi brazo es exacto, porque mi brazo sabe que si no soy capaz de resistir, que si me agoto de ver todo el tiempo lo mismo, que si me canso de escuchar las mismas palabras idiotas, que si me harto de ver a la misma gente como en un cinematógrafo de barrio, que si me aburre ver con mis ojos sus ojos pajes desesperados de fama, de una fama gris de estrella de cinematógrafo de barrio, porque mis ojos se cansan de ver tanto, todo igual, repetido, mi ojos se hartan tanto que se harían sal si vieran que algo nuevo pasara, porque esta ciudad se detuvo antes que llegáramos yo y mi brazo, esta ciudad sombría ya no se desempaña, esta ciudad es inalterable, esta ciudad quisiese ser rubia, esta ciudad quisiese beber whisky cuando se muere de hambre y si este brazo no fuera fuerte nos habrían arrancado medio pedazo, pero a mi brazo nada de esto lo derrumba porque mi brazo es ciego, mi brazo es sordo, mi brazo sólo escucha la sangre de él. Sabe que cuando no dé más deberá tomar la empuñadura y rajar la muñeca de mi otro brazo, sabe que aunque son pares sólo él puede hacerlo, sabe que él será el último en abandonar, lo sabe, como sabe también que será capaz de dejar de escribir porque escribir me daña a veces, mi brazo sabe que escribir daña porque es él quien escribe, cuando mi brazo escribe sabe que está doliendo, quemando, sabe que me revuelvo toda, por eso mi brazo dejaría cualquier cosa para calmarme. Es este brazo quien te olvida, no yo, porque mi brazo sabe que estando juntos somos capaces de resistir tu falta, que podemos trazar tu recuerdo, en cambio si me faltara este brazo yo me quedaría muda, me quedaría postrada, no podría resistir, no podría, por eso no te doy este brazo ni se lo daría a nadie, porque este brazo es el único capaz de librarme de mí. 


 

JAIME HUENUN Nace en el sur de Chile en 1967. Estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de la Frontera de Temuco. Ha publicado en Cartas al azar, 1989, y en "Simpson siete", revista de la Sociedad de Escritores de Chile, nr.II, al igual que en la revista "Pewma" (Nr.1, Temuco, primavera de 1994). Fue antologado en Zonas de emergencia. Poesía-Crítica. Poetas jóvenes de la Xa Región. Compilación y edición de Bernardo Colipán y Jorge Velásquez, Valdivia, Paginadura, 1994. Reside en Temuco, donde trabaja en la Casa de Arte Mapuche y es redactor de la revista "Mapuñuke". Ha publicado Ceremonias y Puerto Trakl. También ha compilado varias antologías de poesía mapuche. En 2003 recibe el Premio Nacional Pablo Neruda por su obra.

CEREMONIA DE AMOR

Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín
e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse
amantísimos, peumos
bronceáronse cortezas, coigües mucho
besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el amor despertar
de las aves ya arrulladas
por las plumas de sus propios
mesmos amores trinantes.

Mesmamente los mugrones huincas
entierráronse amantes, e las aguas
cholas abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos
nombrándose, a solas e diciéndose: aguas buenas, aguas
lindas, ay pero violadas somos aguas Rahue,
plorosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún felices
las arroyos que atraviesan como liebres
los montes e los cerros.

E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse
los Inallao manantiales
verdes, las Huaiquipán bravías
mieles, los Llanquilef veloces
ojos, las Relequeo pechos
zorzales, las Huilitraro quillay
pelos tordos, los Paillamanque
raulíes nuevos.

Huilliche amor, anoche amaron más
a plena chola arboladura, a granado
cielo indio perpetuo
amáronse, amontañados
como aguas potras e como anchimallén encendidos, al alba
aloroso amáronse,
endulzándose el germen lo mesmo
que vasijas repletas de muday.

CEREMONIA DE LA MUERTE

Uno
(Forrahue)

"...alzaban sus manos
ensangrentadas al cielo..."
(Diario "El Progreso" de Osorno
21 de octubre de 1912)

No hablábamos chileno, mi paisano,
castellano que lo dicen.
Copihue sí, blanco y rojo,
flor de michay,
chilco nuevo.
No sabíamos de Virgen ni de Cristo, padrecito,
ni del Dios en las Alturas.
Jugábamos tirándonos estiércol de caballo en los potreros;
robábamos panales a los ulmos y a los moscos,
y pinatras a los hualles de la pampa;
mirábamos desnudas bañarse a las hermanas
con manojos de quillay en el arroyo.
Malo era.
Sí.
Por eso vino envidia y litigio y carabina;
por eso se volvieron lobos los venados y los peces.
Malo era, paisanito, malo era.
Comíamos caliente el crudo corazón de un cordero
en el lepún;
rezábamos huilliche al ramo de laurel
junto a la machi;
matábamos con fuego al que mete huecuve
contra el cuerpo y contra el alma.
¡Brujo diablo, anda vete! decíamos escupiendo,
y el bosque más espeso
escondía a la lechuza.
Malo era, malo era.
No sabía vivir el natural antes amigo, no
sabía.
Las mujeres se preñaban en lo oscuro y en lo claro,
y los hijos se criaban a la buena
de los bosques y los ríos.
Así era, mamita, así fue:
las estrellas dejaron de alumbrarnos
la sangre de repente,
y tuvimos que ocultarnos como zorros
en montañas y barrancos.


 

KURT FOLCH nació en 1970 en Valparaíso y es Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa de la Universidad de Chile. En 1996 publicó su libro Viaje nocturno, Santiago, Ed. Stratis. Publicó también el poemario Thera. 

ALEGORÍA DE LA NOMINACIÓN

Un perro negro tiene la forma del hombre
              que ofreció su mano a punto de sangrar o florecer
              a través de la lluvia, o al sol, un animal desgreñado
              como el rostro de nuestra infancia
           

            en días de celebración:

pan de anís, frituras de la abuela, postres
              de leche, harina, especias desparramadas
              sobre el alto mesón de la cocina; y la llegada
              de primas y primos de pelo como seca maleza
              lacia en los bordes de la calle donde era raspado
              el vidrio para curar el hilo de las comisiones.

Sombras celebradas con serpentinas y velas
            sobre el pastel de rigor inclinándose cada vez un poco más
             con cada deseo hasta caer como un árbol sobre la arena.

Y con la oreja al suelo fue el paso de la luna,
              el espeso reptar de las mareas, la efervescencia
              de un trasvasije de aguas y semillas desordenadas por el viento
              que desciende desde la copa de los árboles hasta tocar
              los diegos de la noche, erizando la piel de mujeres (simples
              turistas) que tiemblan de puna y frío a la espera de un fenómeno celeste

(inti enfermo).

O sentadas a la mesa de las putas invocan
            la tibieza de los terneros que asciende
            como el vaho lechoso que empaña el aire
            de pastizales (cubiertos) de escarcha.

Entre ellas descubrí la perfecta cabeza
            perlada de penumbra: un trofeo
           que habla aún de inmensas ciudades doradas
           y del rezumar de la luz en el mármol de los templos
           de civilizadas hordas de rostros neutros y blancos como la sal.

O se alza

al reír con la claridad del relámpago sobre las aguas
            de todas las espadas y el (leve) sonido
            de un follaje de arcanas heridas rituales
            acuñadas entre los cascabeles del baile
            en el fondo de los pozos del desierto.

Opresión y vastedad: ese rostro

(hermoso, tan hermoso)

como el sol que desploma flores silvestres al bajar
              a beber el veneno (puro y abundante) de la luna
              en el dulce fluir de la noche entre los brazos de los amantes

            ocultos

en lo hondo de las espigas,

cuando las visitas se retiran con sus niños
            dormidos sobre el hombro a lo largo de ruinosos salones.
            Lugares frescos, sin embargo, donde oímos la música agridulce
            de gente sencilla, tristeza familiar transformada en animal doméstico
            o encarnada en una madre
           

(enferma)

ofreciendo el corazón de los amantes (nosotros)
            hecho trizas contra los muros de alguna habitación
            que todavía guarda restos de (tu) pelo desparasitado
            junto a la ventana llena de un largo crepúsculo.

Eso fue todo cuanto dijimos: que el mar no es agua sino
            la inmensa oscuridad natal de un hermoso depredador
            fatigado que se desliza y borra rastros de heridas y huidas

como la mano que barre migas de pan entre el desorden
            de trapos que ondearon como banderas de plata
            y pulieron (en horas de ocio) los instrumentos de tortura:

retacería de nuestra memoria, vendajes de momia, muslo herido,
           rocío sobre ojos de muertos en esta tierra tiznada de
            ratas donde el amor (sol, drama, adverbio) no sana, ni desciende
            como lluvia sobre el campo que contemplamos al pasar en silencio.

Esa sombra que jaspeó tu frente:
           un movimiento de niebla entre las ramas de los pinos
           o simplemente un cuerpo
           arrastrado por caudales
           lentos y turbios
           

inoculando

su dormida sustancia de crisálida
            hacia el oleaje y el silencio que es
            como la noche pero más hermoso,
            más hermoso aún que la piel de los ahogados.


 

THERA

Tarde en el sueño
llega el mensaje: dos

o tres

virutas de sal amargas
alivian la boca

del (antiguo) aliento a
légamo

negra miga del sol

de quien vuelve
sediento del claro vino

del otoño derramado al aire
en una solitaria y lenta ceremonia

en lo más alto

de un árido paisaje
materno y azul.


 

THE SKELETON COAST

"Here you will find peace, they said"
                                                           E. Jennings

La blanca herida del sol entre la bruma es el día
            sobre el monótono paisaje que aparece
            sin principio ni fin tras paredes limpias
            de todo señuelo para la memoria.

Desde aquí se distinguen esas altas flores
            sin nombre conocido que se alzan
            sobre el nivel de la maleza: grietas
            extendidas hacia el cielo de la tarde.

Y constante como el cansancio o el hastío sopla el viento
            arrastrando oleaje de arena, cuerpos de insectos que giran

en el polvo. No hay caminos,

huellas que seguir o luces en la noche
que señalen dirección alguna.
                       

Da igual. El tiempo

y la soledad no consuelan, ni conceden sabiduría:
            desconocemos lo que se extiende mas allá
            de esos horizontes de sal. Llegamos
            a esta tierra inservible como desterrados
            (nos gusta pensar) de algún antiguo imperio
                       

o peces

ocultos en los rincones de un barco hundido
            con la única certeza de haber sido la mala sombra
            que se abrió sobre la luz del cuerpo amado,

un poco de humo

entre las piedras de cada lugar que pisamos, cargando el fastidio
            de un permanente bregar entre pequeñas virtudes y torpezas,

falta de claridad:

no haber callado a tiempo, agostar
            la hierba tierna que creció a nuestro alrededor.

En fin, cosas:

trucos simples para malgastar el tiempo: el vino, los amigos:
            muletillas de la lengua repetidas hasta el cansancio
            en el ocio de la tarde o en un cuarto a oscuras.

Nosotros que amábamos
los bosques y la lluvia,

esperamos

ahora, cada día
para sentarnos al sol

como si la vejez
y el miedo

nos marcaran la frente
pensando en la aridez de los desiertos.

 


 

Yanko González (1971) es poeta, antropólogo y magíster en Ciencias Sociales. Se desempeña como docente de la Universidad Austral de Chile, y es colaborador de diversas revistas literarias. Su poesía se caracteriza por acercarse a la realidad de jóvenes marginales a través de una voz poética que utiliza su lenguaje y, al mismo tiempo, emplea téminos técnicos de las ciencias sociales, estrategia que busca criticar el modo en que dichas ciencias se aproximan a la realidad social. Sus poemas han sido publicados en antologías como Palabra inagural (1991) y Zonas de Emergencia. Poesía-Crítica. Poetas jóvenes de la Décima Región (1994). Ha publicado también el libro de poemas Metales pesados (1998), y Héroes Civiles & Santos Laicos. Palabra y periferia: trece entrevistas a escritores del sur de Chile (1999). Publicó además una traducción de los poemas de Charles Bukowski bajo el título de La muerte se está fumando mis cigarros, realizada en conjunto con el poeta Pedro A. Araya. Es coautor de la antología Zur-dos.

que no quiere

"Que
no
quiere
morir
como
un
perro
nadie
quiere
morir
como
un
perro
todo
ser
humano
merece
no
morir
como
un
perro
ha
vivido
como
cerdo
y
no
quiere
morir
como
un
perro".


 

mossi, entiende
El lenguaje es un virus que viene del espacio
El lenguaje es un virus que viene de tu hambre
El lenguaje es un virus que viene del cobarde.

El lenguaje es un virus que viene de tu pena
El lenguaje es un virus que viene del calostro
El lenguaje es un virus que viene de la cendra

El lenguaje es un virus que viene del que ama
El lenguaje es un virus que viene de la flema
El lenguaje es un virus que viene de tu serna.

El lenguaje es un virus que viene de la traquea
El lenguaje es un virus que viene de la fiebre
El lenguaje es un virus que viene de la tea

El lenguaje es un virus que viene de la lágrima
El lenguaje es un virus que viene de tu bilis
El lenguaje es un virus que viene de la urea.

El lenguaje es un virus que viene de los nervios
El lenguajes es un virus que viene de la ataxia
El lenguaje es un virus que viene de la muerte.

El lenguaje es un virus que viene de tu muerte
El lenguaje es un virus que viene de tu cáncer
El lenguaje es un virus que viene de tu frío.

El lenguaje viene que es un virus del que calla.

     


 

DERROTERO DE EMPERAIRE

Afirmado en la música del trote/ me doy a la respiración
artificial acompañado por un cono de papel
higiénico/ paseo recogiendo boletas arriba de mil pesos/ las
cuales tienen fines muy diversos Cuento los pastelones al llegar a
casa y me salto las líneas impares del baldoserío/ justifico mi
existencia sumando y exclamándole a los caballos qué cara está la
avena/ He decidido abrir definitivamente una ventana que
siempre cierra a medias/ y regar este cactus que se entierra en un
vaso de yogurt helado.
Descuento los meses que me restan extrayéndole hojas a los libros/
Generalmente a un par de enciclopedias que versan sobre 101
Razas Humanas.
La Tv transmite rayas y acabo de encontrarme otra boleta/ me
suelo sentar en el suelo preguntando a cuánto de octubre
estamos/ Me corto al afeitarme/ Y soy feliz de que alguien
-aunque sea Gillette-
me manche un cariño por la ca.

 


 

MARJORIE

Estoy en razón de un barco seco. Ladrando a deriva mi escorbuto. Domingo 5.
Siempre es domingo 5 de milnovecientos setenta y uno para mis hijos y estoy planchando a estribor mi escroto. Acá, siempre es acá en lo que me publico, espuma rancia que me unta comisuras, babaespuma. Ni él ni ella, porque siempre hay
un él ni ella que se hieren por la boca y no se hartan, dejarán de privarme
de mi litro y mi ukelele. En la mañana necesito dos o tres dedos de ginebra
para afirmar mi pulso. He vaciado las veinte píldoras de amital sódico. Me voy.
Sé decirme ya tienes ese olor vinagre que da el encierro y el escribir pedazos de poemas.

....................................................... (Porque Siempre son Pedazos de Poemas).

 


 

SEPPUKU PARA KAWABATA
A Jorge Torres U.

para apresurar el fin/ tomarlo crudo/ digo beberlo opaco/
volver tizón tu cruz/ Barato: Vivir no pudo. Pisar la costra/ posar el beso en una uña/calentar calostro en la cuchara poner la cuña/
ubicar la cava/ pedir el mismo espejo/
voltear un sorbo/mirar parejo/ ESPERAR

 

 

 

(ya viene el corvo)

  


 

 

GERMÁN CARRASCO nace en Santiago en 1971. Tiene estudios en Lengua Inglesa en la Universidad de Chile. Entre 1991 y 1993 participó en el taller de poesía de su facultad y algunos de sus poemas fueron publicados en la antología Códices del "Grupo Códice" (Santiago, 1993). En 1994 obtuvo el segundo premio en el "Concurso de Poesía para Obras Inéditas", convocado por el Departamento Técnico de Investigación de la Universidad de Chile, que edita, ese mismo año, su libro Brindis. En 1998 publicó el poemario La insidia del sol sobre las cosas (Santiago, Dolmen). Figura en diversas antologías y revistas.

 

Héctor Figueroa mirando a las estrellas

Trabajo como una persona sola

Como el chino y el pobre que soy

Como si quisiera surgir.

Compro CD's de Jazz, la revista madrileña Co & Co,

Libros de Anagrama, Visor e Hiperión.

Leo a poetas tan mal editados como mal nacidos

Que van al grano como las prostitutas al dinero:

Versos corto punzantes que empiezan generalmente con

mayúscula

Para que se sienta el martillazo

Y camuflar la prosa pura.

Mi casa es una taberna que recibe a toda clase de amigos:

Hijos de puta que consumen mi tiempo, mis libros

Y el trago que le da sentido

A mi vida sin sentido de cartero.

A veces viene la mujer araña

A encamarse conmigo durante días de ausencia laboral.

Me hace café, me da comida,

Limpia el baño de quinta de recreo

Y me deja vacío

Fumando, mirando las estrellas.

La insidia del sol sobre las cosas

 

 Ganas de trotar bajo la tempestad

 

Nacimos en el desprecio a los signos de exclamación,

en habitáculos donde sólo se llega a dormir o al amor

y se sujetan los áfonos y dulces quejidos, en el desprecio

a esos signos que tanto daño han hecho a los amantes

y a la relación entre empleadores y empleados.

                                                                    Tenues

ofrecemos té y vino en diminutivos a quien comparte la charla,

el ajedrez sin fanfarronear el triunfo, sotto voce

como si con los decibeles se fueran a marchitar las calas

o fuera a ocurrir algo terrible

y alguien sugiere una épica del silencio,

conformada por la antología de Cuántos

ecos, susurros y gemidos

 

porque luego de leer versos durante media hora se puede sentir el paso de un diente de león con mensaje amante o una pelusa al cruzar el cuarto y comprender de inmediato que se trata de la muerte; luego de leer sin prejuicio a los pares la tradición la calle, se puede superar el gusto y los prejuicios; se puede entender las sutilezas burguesas en forma de haikúes, sonetos de agua y esas cosas. Sin inquietarse.
JAVIER BELLO nació en Concepción el 25 de octubre de 1972. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile.. En 1987 publicó el poemario La noche venenosa (Concepción, Letra Nueva) y en 1989 fue antologado en Las plumas del colibrí. Quince años de poesía en Concepción. Ese mismo año publicó el poemario La huella del olvido. En 1992 fue becario de la Fundación Pablo Neruda, y en 1994, con La rosa del mundo (Santiago, Lom, 1996) obtuvo el primer premio en la categoría inéditos de los "Juegos Literarios Gabriela Mistral". Entre 1997 y 1998 cursa el Doctorado en Literatura Española Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid. En este último año obtiene un accésit en el "Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma" con el poemario Las jaulas, editado por la Editorial Visor. Ha publicado también Letrero de albergue, por editorial Norma.
 

(poemas pertenecientes al poemario LETRERO DE ALBERGUE)

 

Detrás del pensamiento hay un palo quebrado. Un palo que arrastró la corriente hasta los pies de la cama. Los vidrios son retratos donde los muertos preguntan por sus manos. Detrás de los espejos hay otra plantación erizada. Hilos de fuego que pulsan las muchachas en coma. Un túnel lleno de semanas. Un túnel quiere decir túnel. Lo que quiere decir cáncer. Invernadero y sed. Bolsa marsupial. Leche de oído. El hígado habla en las esquinas. Un vino lleno de números. Un saco de hojas secas detrás de la mirada. Una bolsa de té. Un ataúd repleto de ramas. Debajo de la edad están los años muertos. Debajo de la luz los prismas resucitados. Un niño carga un puente que carga a otro niño que no carga nada. El vacío es una enfermedad a la sangre. Decanta como el óxido en las redes de pesca. En todos los armarios hay espectros. En los cajones manos desconsoladas. Las paredes las ha rayado nadie. El otoño tiene muchos nombres. Detrás del pensamiento yo sé quien es nadie.

 

Cómo será la mano que en los laboratorios reparte el peso de la muerte. Cómo será la mano que de día se escribe y de noche se borra. Un ataúd de plata donde cabe el maquillaje para desesperados. La mariposa del faro tiene hambre. El traje debe entrar a escena. Hay ruido en los nidos. Un pez que desemboca. Por los caminos botones de caballo dejan un caballo completo. Distribuyen el peso de una sombra que avanza. Los viajes tienen orejeras. Un viaje debe durar toda la noche. La caja de ajedrez con su crimen vacío. El transistor de niebla del hospital en llamas. Espejismo sin nombre. Alta perdiz del triángulo descalzo. La oficina desnuda. La central de operaciones de la seda. Silla parlante. Dialecto de cintura. Le puse nombre de morir al caballo.


 

ANTONIA  TORRES, Valdivia, Chile, 1975. Ha publicado los poemarios  Las estaciones aéreas e Inventario de equipaje. Sus poemas aparecen incluídos en numerosas muestras de poesía joven chilena, en revistas y antologías nacionales e internacionales. 

SE OYEN PASAR ESTACIONES AÉREAS *

 

Me espera aún la casa frente al mar,

húmeda y oscura ahora,

ensancha sus paredes al tímido sol de invierno.

En tanto,

la casa construye su propio recuerdo

sus estaciones aéreas

¿de qué sirve imaginarla

extendiendo su gris alfombra de arena,

su teatral mar de papel azul?

Los barcos zarpan húmedos al alba

en esta casa de playa

como aquella noche en que aguardamos el paso del cometa

los ojos de niños tras el lente

en un abril benigno cuando el verano ya había sido sepultado

y mientras el hermano menor dormía

seguimos al envejecido astro bordeando el mar.

 

Aún me espera la casa

con un mar más cinematográfico ahora,

para hallar las horas perdidas de la infancia

en un mes cruel

y en una playa

arenas en que nada florece.

 

*S. Cuasimodo

  


 

TARDE VERTICAL          No nos exijas la fórmula que pueda abrirte mundos,pero sí alguna sílaba seca y torcida como una rama

      Eugenio Montale

 

La tierra no escribe sino en su legajo,

su tierra de hojas

busca palabras picoteando el suelo

-palomas entre las verduras-

cuando la feria y sus frutos mueren.

 

La tarde vertical que pende

con la pesadez de una gota de lluvia

escribe con la sospecha

de la palabra que está siempre por decirse

pero se calla.

 

La tarde y su rojez de otoño avergonzado

sopla su aliento para que crezca la hierba sobre la tumba

mientras la muerte cría su costra dura y reseca.

  


 

RAFAEL RUBIO, Los Angeles, Chile, 1975. Ha publicado Arbolando, Madrugador tardío y Luz rabiosa. Aparece incluido en diversas antologías de poesía chilena contemporánea.

PRIMERA ELEGÍA   

 

Tanta muerte para una sola piedra

Tanto dolor para una mano sola

Tanta angustia por una sola hiedra

 

Tanta mudez de piedra que arrebola

una rabia más honda que la tierra

mordiendo las raíces que la asolan

 

Desmádrese el silencio contenido

Peñáscase la nada hasta los huesos

Enhuése el peñasco, conmovido

 

entre las hiedras que escupimos, presos

 

tan ciego el arrebol hunde la boca

hasta tocar la noche con los huesos

bajo la tierra que el tañido invoca

 

bruñendo su poniente más rotundo

arrebolado sobre el valle inmundo

Tan muda la ceguez, tan ciega el habla

y tan peñasco el miedo de estar preso

tan piedra la mudez que nos entabla

 

hasta caer del cuerpo hacia los huesos

hasta morder la piedra sordamente

hasta parir la sombra más sombría

 

y hasta perder la voz en la simiente

 

no hay noche más peñasca que la fría

 

oscuridad que araña sus violines

ni muerte más mortal y más vacía

que el hueco que pulsé hasta los confines

 

Que no me digan que la piedra es dura

Y que la muerte es dura y que la vida

es más dura que el polvo y más oscura

 

que la voz de la más cerrada herida

Que no me digan que mi madre es piedra

ni que mi padre es piedra y que la hiedra

es mi madre también, sonoramente

hundida en la raíz hasta la frente

 

Desmádrese la más rotunda piedra

Empiédrese la más rajada madre

Desrájese la más profunda hiedra

 

Y tórnese la sangre hacia su padre

 

Y así al entrar la voz en lo rotundo

el polvo aprieta el nudo. Y ya confeso

implora su peñasco más profundo

 

hasta la noche misma de los huesos

y entre las piedras que mordimos, presos

escarbamos bajo la sombra fría

 

una rabia más honda que la tierra

y más ancha que el padre, todavía.

Y en lo más muerto de mi voz entierra

 

la espina de mi madre , vergonzosa,

de atravesarse en mí. La noche emperra

una rabia de púas, numerosa

 

Y en la afanosa grieta que se empoza

vuelve a zumbar mi voz, tu voz, la piedra

nace en tu sangre misma, presurosa

y encrespa su dolor en cada vena

 

el cuerpo habita el hueco donde grita

la voz que habita el cuerpo que devora

el hueco donde muere el que lo habita

 

y en medio de la polvareda, implora

su profundo peñasco avergonzado

de ser rotundo de preñez. Ahora

 

vuelve a nacer la mano que me llora

 

sin un poniente que pulsar, lejano

sin una piedra en que enterrar la piedra

sin una mano en que enterrar la mano

 

sin una hiedra en que enroscar la hiedra.

 ESCENA FAMILIAR II 

En el abismo cruel  del comedor

-conmovedora escena de familia-

El almuerzo rencor. El pan: ¡mendrugo

sobre la mesa muda de sentar!

Hermelinda, trae el jugoAy trae el jugo Hermelinda. Que está amarga

La sopa). ¡ Y qué huevean!

Recóndita la hermana – oh, Dios- alarga

la mano hacia el salero, lo voltea

de furia en el mantel ¡ La madre larga

una mirada atroz.

                             Y cabecea

la tarde sobre las verduras. ¡Tarde

fue a parar la amargura del almuerzo!

Que ya no habrá - ¡carajo ¡- quien nos guarde

el mendrugo infinito de perverso.

La hermana –bullanguera de orfanato-

hace sonar la sopa, con inverso

clarín ¡del hambre! ¿borbotón? Y al rato

la torcida moral de la cuchara

toca el abismo funeral del plato.

¿Y a persignarse, madre? ¡Con qué cara!

Tiembla de furia la febril vajilla

en la cocina infame: ¡ruido agudo

que hace temblar el alma de las sillas!

 

¿Falta Alguien, mamá, en la mesa? : un nudo

infinito de nervios, tembladera.

¿Quién nos falta?- mi Dios- Y un estornudo

se larga sobre la bandeja, etcétera.

 

Sobre el plato fulgente, merodea

una mosca acrobática. La hermana

la espanta y por los aires la voltea

con una servilleta franciscana.

 

¡Mamá por dios! ¿No ves cómo nos zumba?

¿No ves cómo nos zumba, mamacita

esta mosca blasfemia de infinita?

 

¡ Y al fin la mesa se nos vuelve tumba!

 

De Luz rabiosa.


 

DAMSI FIGUEROA

Nació en Talcahuano en 1976. En 1993 es invitada al Encuentro Nacional de Escritores en el Bío-Bío. Ha participado en el primer y segundo Encuentro de Poetas Universitarios, organizados por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Su poesía figuró inicialmente en antologías de ganadores de diversos concursos regionales y, actualmente, en revistas universitarias. En 1995 publica su primer poemario, Judith y Eleofonte, Concepción, Editorial Letra Nueva 

 

AUTORRECONOCIMIENTO

Yo no soy la que se pierde
tan pronto como se la encuentra
El amor en mí no se toca
se escribe
Yo no soy piadosa con los hombres de poca fe
no intercambio los calzones con nadie
en cambio asumo la desvergüenza
de una desnudez colectiva
en una casa de playa
o en una playa a secas
Yo no escribo para nadie
aunque intente escapar
y evite sacarte al baile
Tus malabares y piruetas
siempre exigen un aplauso cerrado
es decir, una palabra
Yo no me complico la vida
omitiendo adverbios y conjunciones
Patino por la hoja
y tapo los surcos amargos
con la sangre de mis amigos
Yo no hago el amor
lo desarmo
por el puro gusto de volverlo a armar
una y otra vez
hasta tener sexo
para olvidarme del amor
y de todos ustedes


 

POEMA DE LENGUAS

Temo a la espina que surce tu lengua
y a ese hilo de azufre que te escurre
y amamanta el dócil canal
tus hendiduras

Así como a la muerte temo a tu arcilla
a la moldura que la sostiene
temo al diente que se te clava en la sombra

Temo a la boca que se traga tu lengua deliciosa
y como a hostia envenenada la devuelve a tu boca

Temo, pero aún así permanezco
triste en la desmesura
sola en mi amor por los espejos.

 

a Alejandra Pizarnik

Yo sé por qué te duele
atraer con furia la piedra hasta los dientes
y arrojarla después como si nada
a la danza magnética
donde acaba el milagro

Con el tiempo te has vuelto ciega
encandiláronte los verbos
La incandescencia de los verbos dolorosos

Te paralizaron las alimañas palabreras
el susurro esquizofrénico
de la naturaleza del hombre

Yo sé que tu lamento no cesará jamás
porque tu hambre es mi hambre
y el pan que buscaste
ese pan se hizo carne
se hizo fuego imposible de llevarse a la boca.


 

CONVITE

No sería mejor que nos quedáramos
sentados y solos, tardos y quedos
esperando la totalidad de un gesto.

No sería mejor que olvidáramos
a la vaca semiológica que pasta a la deriva
sudor rocío que nos entumeció los huesos sesos

Hay dentro de la luz
una luz más pequeña
que es oscura

Hay dentro de la luz
una luz más pequeña
que es oscura

Hay dentro de la luz
una luz más pequeña
que es oscura

 

 

DAMARIS CALDERÓN : LA VENTANILLA DE UN TREN CORTA

16 04/09
Etiquetado con: general

La ventanilla de un tren corta

-no asesina-

corta impasible como un carnicero

las reses   el paisaje

lo que se va quedando atrás

y entra definitivo en el pasado.

Nada más cruel   más plácido

que hacer señales desde una ventanilla

que pulir este vidrio inofensivo

(nadie se picará las venas)

Quizá del otro lado alguien reanuda esta diálogo mudo.
Pero no nos vemos

gracias a la eficacia del conductor

a la vertiginosidad del tren

cuyo destino es moverse

moverse con su carga de pasajeros muertos

sorprendidos soñando en un vagón oscuro. 

HABITOS

Todas las noches un pájaro me roe las entrañas

Vuelve por voluntad

Por voluntad me tiendo junto a él

Yoque no soy Prometeo

ni me he robado el fuego de los dioses. 

Empollan en tivienendel dolor más oscuro

No cantan

graznan

vuelven

lanzan

las patas contra los cristales

como un último adiós. 

Todas las noches. 

Precisos

Implacables

por la ventana

Pájaros. 

Morder la sábana.

Golpear el rostro contra la pared.

Ser la sombra chinesca

Mañana

será otro día. 

Una prueba, otra prueba.

Y no es San Juan de Patmos.

Su martirio es anónimo

No necesita del aceite hirviendo.         

Cuatro paredes blancas.        

Impolutas para mayor crueldad. 

Cuando acaba la noche se cree un resucitado.

Hasta el amanecer sueña con búfalos.

Resiste como un buey.

Transformarse en buey no es todavía suicidio. 

(De Guijarros, Serie El Trapecio, RIL Editores, Santiago de Chile, Chile, 1997). 

 



SOBRE EL ÚLTIMO LIBRO PUBLICADO DE VERÓNICA ZONDEK

12 04/09
Etiquetado con: general

 

UN SOLO Y GRANDE ANIMAL QUE RESPIRA Y EXISTE PARA SER HERIDO

Dentro del panorama de la poesía chilena contemporánea, una de las voces más significativas e ineludibles, es la de Verónica Zondek, que ha venido desarrollando un trabajo sostenido en el tiempo, trabajo diverso, vigoroso, que también se perfila en continuidades de líneas y preocupaciones temáticas.  Descendiente de judíos  alemanes-polacos, habiendo residido en una larga estancia en Israel, otra larga en su país natal, con desplazamientos varios numerosos países, su poesía da cuenta del nomadismo y de la intersección de referentes culturales, de un desplazamiento que se asume como condición existencial. En la producción continuada de Zondek, han aparecido libros donde la concepción de los mismos ha abogado por la unión de la poesía y la plástica, como “Entre lagartas”, realizado en colaboración con la artista plástica Gabriela Villegas, y “El libro de los Valles”, publicado por Lom Ediciones. Sin embargo, quisiera centrarme aquí  en un aspecto que me llama la atención desde “Membranza”, (recopilación de su obra hasta 1995) realizada por Cuarto Propio y Ediciones Cordillera. En el volumen se recogen sus libros “Entrecielo y Entrelínea”, “La sombra tras el muro”,” Vagido”, “El hueso de la memoria” y “Peregrina de mí”, y  a lo que me refiero  es a la creación de una realidad poética , lingüística, depositaria de la memoria: una “Membranza” realizada por la poeta. Membranza: palabra que evoca , a un tiempo, la membrana ¿del corazón? ,(un órgano) y a la remebranza, al acto de recordar (y volver a pasar por el corazón). Lo que evidencia que para Zondek  el acto creativo se trata en primera instancia  de un recordar, de una fundación a través del recuerdo. En sus versos aparecen una y otra vez las palabras “no olvido”, las imágenes de lo perdido, lo desaparecido, lo que sólo proyecta una sombra, que se trata de reconstruir, de aprehender, por la palabra, “Fundo con la palabra”, dirá.  . Este  último poemario, Por gracia de hombre, editado por Lom Ediciones, abre con una hablante que se presenta como una indocumentada, indocumentada que hace una entrega: su dolor, y también su lucidez ante los horrores de la historia, de la existencia y comienza con una especie de sentencia:”La poesía es un presente en llamas y otorga al tiempo vigencia continua”.  Anulación del tiempo cronológico, por tanto, confluencia de tiempos, en un presente continuo, en llamas, donde la depositaria, indocumentada, sabe que la evolución humana no ha sido tal,  en tanto se ha erigido afirmada sobre una cadena de horrores que se continúan, la hablante sabe y escribe. El conocimiento, del dolor, segrega escritura. Convivencia con sombras, que ha hecho suyas y de las que forma parte, esta sujeto anónima, que se constituye en uno a través de la multiplicidad, de ahí el carácter de filiación inexorable de este libro, con los que han padecido, y más que un recurso literario de máscaras, lo que se establece es el intento desesperado de convivencia, de fusión en el acto de resistir ante el horror. Ahí se altera la sintaxis, como se altera la vivencia misma:

“ Mi juntos no sabemos por qué. Mi sabemos que volverá a ocurrir”. Atrapados.

Hermanados, la filiación se hace solidaridad, conciencia, lucidez, el destino de cada una de estas vidas pudo haber sido otro, pero a cada quien le tocó su saco de dolor. La hablante (y la poeta) no evaden ese dolor ni ese horror, antes bien, lo miran, se adentran en él, lo padecen, lo enfrentan y lo conjuran mediante el testimonio, la resistencia, la escritura. El mi (pronombre posesivo singular y/ o personal), se vuelve plural, alcanza esa pluralidad de la simpatía, del padecer con el otro, de saber que el otro, también es uno mismo y que uno mismo, su mismidad, ha estado atravesada por la cadena de horrores. El libro parte entonces desde una conciencia y lucidez meridiana, es decir, desde una responsabilidad, donde lo ético y lo estético han de fusionarse en la justicia (poética y moral) y en un deber inexorable de la hablante , que se sabe anónima, indocumentada: “ Y cumplo con decirlo”. Cierra Verónica Zondek en esta especie de introito a estas mutaciones poéticas.

Las filiaciones o citas como apoyaturas (junturas) en que se apoya el libro, parten de Olga Orozco y de Gabriela Mistral, ambas de una falta ;” “estaban ahí, cayendo desasidos” (repárese en la caída, en el desasimiento inaugural ) y “ me nació de cosas/ que no son país/ de patrias y patrias/ que tuve y perdí/ de las criaturas que yo vi morir/ de lo que era mío/ y se fue de mí”. Zondek, de ascendencia judía que trae en sus sangre el exilio, el holocausto y la diáspora, incorpora aquí el arsenal de ausencias y de pérdidas a través de la voz mistraliana, donde lo que destaca es la pérdida: patrias y patrias perdidas, criaturas vistas morir, lo que se fue de mí (en palabras de Mistral, que Zondek retoma) pero también y no menos importante, de estas pérdidas,  surge el nacimiento poético, la reconstitución: el deber de recomponer ese cuerpo diásporico, diezmado, a través de la palabra. “ ME NACIÓ”...dice la Mistral de la escritura de sus pérdidas. No por azar sino para dar testimonio y de manera constitutiva está la cita en el libro, no como un cuerpo exterior ,sino como una astilla más que se incorpora al libro. Pérdida y nacimiento, restitución, en la medida de lo posible, por la palabra poética, a esa familia de la devastación. Transmutar a través de la pérdida, del dolor, transmutar, creo que es la palabra clave de la poesía, transmutación que logra Verónica Zondek eficaz, limpiamente, en este poemario.

Si la poesía de Zondek puede entenderse como un viaje, entre le fijación y al errancia, por terrenos nómades, en busca de una patria, (la poesía), en libros anteriores, vuelven aquí constantes que son recurrencias: la memoria (el hueso de la memoria), la fijación del recuerdo a través de la letra, el trazo de un mapa, de una cartografía histórica y sentimental que dé cuenta de esas vidas heroicas, arrojadas al fuego, purificadas y acrisoladas por él. Como las babas de un caracol avanza la escritura, advirtiendo contra la desmemoria, el hacer la vista a un lado, el olvidar. Basta recordar que las musas ( y la poesia y todas las formas de pensamiento) son hijas de Mnemosyne, la memoria, es decir, el animal que escribe , graba y cava en lo hondo y hace de ese boquete y en él la escritura (su resistidero) sabe que en el recuerdo, en la remembranza, está la posesión de lo perdido, así sea a través de posesión por pérdida, (la escritura), la hablante se desplaza entonces en multiplicidad de sujetos y voces poéticos que forman ese Mí plural: Gabriela Mistral, Marina Tsvietáieva, Eduardo Anguita, Baldomero Llillo, por sólo mencionar algunos.  Por pérdidas, se crea un nuevo sujeto múltiple, que no está constreñido al género ni al sexo ni a la raza ni a la historia ni a la geografía, parten de ellos, sí, de una puntualidad, de una referencia concreta, pero la rebasan y trascienden, para fusionarse, a través de todos sus dolores en la humanidad doliente y en “un solo y grande animal que respira y existe para ser herido”. Pero también para dejar testimonio, resistencia, a través de la vida (y la escritura), así, aún a través de las aguas se dejan huellas vivas.

Frente a las nociones de progreso, erigidas en el falso racionalismo, en el arrollamiento del hombre y de la expresión más tangible de su humanidad, la hablante se refugia en el instinto sobrehumano (animal). “El animal sabe y distingue”. ¿Qué sabe? Que “ La vida es un recuerdo de sí misma y el corazón es una baba que continúa atada al hilo...” Fijeza, continuidad, recuerdo, van haciendo la persistencia de esta escritura, que se afirma en el hueso andino mistraliano, en el fuego ancestral, humano, versos emanados  del fuego de los crematorios (crematorias de hombres , crematorios de libros). Porque así como importa la memoria del hueso, importa la letra, el libro, así la filiación pariental se establece tanto con la abuela como con George Trakl, Alejandra Pizarnik y Salvador Allende.

Porque contra el fuego de la devastación y los crematorios está ese fuego visceral, inmemorial, de la creación humana, está el fuego de las ollas comunes, que hicieran que los hombres compartieran un alimento común, como una verdad dura, dificil de tragar, pero compartida. En el poemario está el emplazamiento también al interlocutor, cómplice de esas nociones (devastaciones) humanas en nombre de una seudomodernidad y de la sociedad (de consumo), del progreso y de la historia que pasa en grandes mayúsculas por sobre los seres humanos concretos, aquellos que se ven envueltos y arrasados en ella, que la hacen y la padecen y muchas veces, forman parte de su exterminio. Creo que uno de los aciertos de este libro es haber cargado con tan pesado fardo de dolor de generaciones diversas, de hombres y mujeres de tiempos y épocas diversos, para atravesar (llegar) con el poema a la otra orilla, rescatando esos fragmentos de vidas incandescentes. El peso de ese traspaso se siente en el libro, se respira, se fija en el boqueo de la hablante, en la cesura de ciertos poemas, en la dicción entrecortada, sin aire apenas para continuar (pero sigue), como seguía la marcha en su transhumar poético en libros anteriores, el poema se desplaza a veces como caracol, otras como camélido, donde “pesa la certeza y pesa el camino”. Pesa todo. Pesa el peso de la letra”, pero la escritura continúa.

Continúa sobre un paisaje devastado, asolado, por eso poemas que son como conjuraciones lúcidas, apelativas al otro, poemas estancos, que a veces no desembocan pero drenan, dejan correr su lava y forman su magma ígneo. Basta citar algunos títulos: Aguas del desasosiego, desde el fondo negro, Retraso del exterminio, o Después de la destrucción (oración sin salida). Porque no hay salida , no habrá salida, en tanto el hombre, por gracia de hombre, no recupere lo suyo, humano, en el sitio que le corresponde de la creación. En tanto no halla ojos, no halla oídos, no halla mano erguida, fervorosa y abierta al otro, en tanto no exista fraternidad y sí fraticidio, el holocausto volverá a ocurrir, está aconteciendo todos los días, y “ Mi juntos no sabemos por qué.Mi sabemos que volverá a ocurrir. Aquí y acullá, víctimas y victimarios por siempre en enroques sempiternos (...) Atrapados”. Pero así como este especie de fatum cíclico pareciera no tener salida, en tanto se ejerza y seamos cómplices de la degradación versus la dignidad, el horror versus la belleza, el exterminio versus la dignidad humana, hay que afianzar la búsqueda, la lucha, moral, póetica, por la palabra, por el poema, como forma de existencia. Recordar, escribir, son emplazamientos morales.  La poesía no sólo formará parte de la justicia sino será la justicia (recuerdo esa bella palabra griega) kalokaghatia). La fusión indisoluble entre belleza y justicia, lo bueno y lo justo. Así, quiero destacar la dimensión social y política, vale decir poética, de este nuevo e inmemorial libro de Zondek, no por azar “ sino para dar testimonio”, son encarnados, convocados los poetas elegidos en esta travesía. Gabriela Mistral, Pizarnik, Vallejo, Paul Celan, Neruda,  son autores que se distinguen por su dedicación extrema y radical a la vida, a la poesía, hasta la redención o el exterminio, la derrota. Pero no sin haber antes entregado todo al fuego, a la incandescencia. Así el descenso (que es ascenso) con Baldomero Llillo y los hombres del carbón a la mina, al socavón donde la tierra muestra y expone sus extrañas. Así la plegaria ante el negro abismante: “AMÉN DE LOS SOCAVONES.  No más hoyo , no más hoyo negro en la memoria”.

(De En carne viva). O en la Marcha forzada, que, por forzada, no se deja de marchar.  O en los poemas al detenido y la detenida desaparecida, donde se señala: “La muerte es el olvido de los vivos”.

O los horrores que expanden la geografía en una topografía y una naturaleza bárbara que va desde las siervas mugrientas del Potosí, a la mujer ceniza en santas hogueras eclesiásticas, a las apedreadas de la plaza Central de Kabul, a las martirizadas con ratas de cloaca en Villa Grimaldi/ o a los hombres asados al rojo de parrilla macabra y/ o enterrados hasta la testa para banquete de hormigas vietnamitas...” En su realización, los dibujos y grabados del pintor Guillermo Núñez contribuyen a acentuar la belleza y el carácter político del libro. Ojalá que como pide este poemario en De lo humano nos “toque algo bello por gracia de hombre”.  Ojalá que el loto del olvido no nos haga unos chanchos en la tierra de Circe,  signada por la desmemoria, ojalá que  ese SOLO Y GRANDE ANIMAL QUE RESPIRA Y EXISTE PARA SER HERIDO exista también para la fraternidad y la luz sin escarnio. Ojalá que el primate no retroceda de horror ante nosotros.

 

Damaris Calderón

 

ANDI NACHÓN: PLAZA REAL.

14 04/08
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FURGÓN: AL OESTE.

   

Por lealtad

 

se suben bicicletas al vagón, se les cuelga

de esos ganchos y la mano

sostiene confiada su bamboleo. Sólo

por lealtad hacia esta tarde

encaminada a noche, su tren cruza

estaciones del oeste

las pintadas y franjas

indemnes de rosas, naranjas para otro

atardecer entrevisto

al pasar sus ventanas. Sea entonces lealtad

 

este impulso a pedalear rumbo a casa

infinitos

gastos en transporte y cansancio

recostando las cabezas: apoyan rodillas, cuerpo

sentado al amparo de la propia

bicicleta que cuelga. Leal también

 

entra esta tarde en promesa

veranos inminentes y cambios

climáticos para polleras

 

algo más cortas si el fin

de semana se acerca. Duermen entre rayos

erizan cuadrantes, cadenas

 

pedales marcados por el polvo, óxido de eso

que es tu bici suspendida, una forma

de llagar a hora. Cada día trabajo y regreso. Retorno

de la tarde en otra

 

primavera de estreno. Come el chico

su sándwich de milanesa, sobre la cadera

apoya el manubrio o esa mochila

que su espalda carga y lleva

con cierta nobleza. Y dice resistencia

 

gigante un grafitti sella el galpón

fábrica antes ahora esos

vidrios rotos para ventanas

que hablan de cuál

posible resistencia. Paisaje alerta

a la espera igual a esos ojos

niños del joven

asoman la gorra y reflejan tantos brillos

sin decir dureza. Resiste un cuerpo

horarios y resiste sólo

en fidelidad a eso que ahora

está partiendo. Cruces

 

de otra estación suburbana, para el furgón o alianzas

que elevan bicis

por las ventanas: libertad

o luche y se van signados también

contra el atardecer. Vendrá la noche, otro

  

viernes madrugadas vendrán en fuga

tal vez días de festejo. A las seis

cuarenta y cinco apenas cuerpos

que conocen de tareas, cansancio o el descanso

cuando hiere el sol las ventanillas y en rayos

de la bici es reflejado para volver

otra vez al oeste de qué

paraísos probables.

  

SANTA LUCÍA: HOSPITAL DE OJOS

 

-Santa Lucía, déjanos ver.- Aquí donde esperamos todos

mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más

de cincuenta números antes, aquí, Santa

permítenos la espera- a mí, a los otros- cierta dignidad

en bordes poco limpios

inhóspitos

rincones estos de la pública

salud y heridas

 

por trabajos varios, soldadoras o astilla

que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí

ver claro cómo

esto alcanzaría para todos. A la espera con números

imposibles del cien al dos

diez ¿cuánto

habrá más que esperar para ver? Alcanza con el verde

 

pleno de febrero y alcanza para más

este estar acá. Guardia

médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo

sangrante del hombre viejo. Son de fajina

sus pantalones y uniforme, aquí

donde también él

 

tendrá sus sueños cuando espera y vos

al lado le tendés otro pañuelo.- ¿Es rojo

 

esto que veo? ¿Tiene el dolor

algún color?- “Santa Lucía, que estás aquí

hecha por nosotros- para nos- los que en fila

esperamos qué salvación : déjanos ver un probable

tiempo para todos

donde también este penar

tenga su sitio sin apostar al empuje

del otro para hacer lugar: “ Y hay algo

 

definitivo de barco hundido aunque alcance

el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro

ser nosotros y así

la luz completa de febrero

no se opaque ni se sostenga más

esa regla del pobre

para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas

  

cuando no estamos ahí

donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya

justificar . Lavandina más espadol, el alfajor que la nena

como inquieta en un rincón. Ciento

sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros

de la impaciencia al fastidio porque nada

logra a veces ligar en dolor, ni siquiera

cierta redención.- Pero estalla afuera esta mañana

única de febrero, cualquier posible

caminata al sol, el mismo aquí, en esa

 

clínica privada siempre aséptica no

la salud no se paga

no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.- Santa

Lucía Santa, recuérdanos que nosotros

y  los otros igual moriremos. Y alcanza

con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía

ser suficiente aunque la madre

da un bofetón a la nena, en esta calma chicha

tan parecida a sala previa

del huracán que borre toda

 

espera pero no. Vos

aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena

sino que a ver

 

vinimos aquí Lucía: solamente a vernos,

los unos a los otros, ya que este

espacio alcanzaría para todos

cuando casi esa mano

del hombre herido sobre el hombro

blando de su chica alcanza

también estas entrañas. Lucía aquí

vos despierta con nosotros.

  

ANDI  NACHÓN, Buenos Aires, 1970. Docente de letras y periodista.

Ha publicado: Siam, Nusud, 1990; Warzsawa, Bajo la luna nueva, 1996; Taiga no rio do Janeiro, Edicoes da passagem, 2001; Goa, Tsé-t´se, 2003; y Villa Ballesta-Ñuñork, Surada ediciones, 2003, entre otros. Los poemas aquí seleccionados pertenecen a

Plaza real, ediciones La Bohemia, Buenos Aires.

  

OSCAR CRUZ, LOS MALOS INQUILINOS

24 03/08
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Oscar Cruz, Santiago de Cuba, 1979. Graduado en historia. Poeta y editor. Ha obtenido los premios "Luisa Pérez de Zambrana", "Medalla del soneto clásico", "Juegos florales, Santiago de Cuba", "Mangle rojo" y el premio David, de Poesía. Reside en Santiago de Cuba. Los poemas aquí seleccionados pertenecen al poemario Los malos inquilinos.


ECLESIATÉS SEGÚN STALIN


hoy hablaremos de la muerte
del uno por el uno contra uno
hoy hablaremos de dios de Vladimir Ulianov
les propongo sangrar lustrar el cuchillo
hablemos hoy sólo hablemos del bigote
del pase de lista
de ciertas instrucciones para soplar
ah! Rosa Luxemburgo no la ROSA
en su concepto
la invariable flor de las compotas
del grupo varón en los graneros
somos gente sencilla
ante la muerte ante dios ante Vladimir Ulianov

lentas caravanas de hormigas
que arriban a la barbarie.


ESPEJO INTERIOR

no volverás a Ur a sus láminas
no cortarás acantos en el huerto del sajón
han levantado un reino en Miraflores
y dicen: habrá pasto peinetas sirias
mercaderías de punta en estuches egipcios

no volverás a la noche a sus tamaños
al duro gravitar de la memoria
tengo a cargo un latigazo un libro de Lenin
credenciales falsas de libre asociado

la tarde cae sentenciosa
y salgo a caminar por la bahía
converso con Flebas el fenicio
y todo es agrio desmemoria
todo fuga despacio a los salientes de la isla

las aguas me juzgan mal
simulan un jacuzzi una ruleta
traen nostalgias de Esparta de Moscú
de aquellos esplendores que siempre me dejaron

estas son las aguas de Virgilio
las mismas que asolan lentas
los salientes de la isla
no volverás a Ur no volverás
a menos que incendien Miraflores.


DOLAN MOR: CUATRO POEMAS INÉDITOS EN ESTUDIO DEL SUR

24 03/08
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Dolan Mor, Cuba,.. Poeta y narrador. Autor de El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov’s Butterflies (premio de la Delegación del Gobierno en Aragón, 2006), y Los poemas clonados de Anny Bould (premio Miguel Labordeta de Poesía, .

Antologado en Los chicos están bien: Poesía última (2007), Poesía para bacterias y en la próxima reedición de Las cuatro puntas del pañuelo: Poetas cubanos de la diáspora. Colabora en las revistas Turia, y Letralia. Sus textos se traducen al polaco.


Desde el año 1999 vive exiliado en Aragón.


A LA SOMBRA DE UN VIOLÍN PIENSO QUE SOY ANNE SOPHIE MUTTER


(inédito)


1


Veo una corneja que brilla sobre la rama de un abeto


mientras pienso en tu apellido (oh Franz Kafka) y medito:


---------------------------- -a) en tu familia sin dinero


--------------------------- b) en la empresa del cuervo


------------------------------- hacia el negocio


-------------------------- -c) en los alambres de tus cejas muertas


-------------------------- -d) en tu semblante enfermo taciturno


--------------------------- e) en tu cara de ave que me observa


------------------------------- delante de un espejo


--------------------------- - f) en tu nariz acaso el pico hundido


---------------------------- bajo la carne que destruye la vida.


2


¿Cuánta distancia existe entre tu muerte de escritor y un jardín


que florece con sus huesos o entre un bello cadáver que se viste


de lino y la palabra indescifrable “corvus“?


¿Cuánto silencio


--------------------------------------grumos en papel


--------------------------------------libros


--------------------------------------textos


--------------------------------------rosas portland


--------------------------------------escritos


--------------------------------------maldiciones de tos en sanatorios


para darnos al fuego sin sentido en misivas de amor


porque ese ha sido, oh corvus manedula, nuestro oficio?


3


Escucho una canción en alemán


-----------------------------es un violín con alas


porque, sabes, yo soy Anne Sophie Mutter que me hablo


--------------------------------------------------(a mí misma


de unos lagos en los bosques de Viena, del sol que se refleja


en el verano que buscamos, que huye como liebre


-------------------------------------------------------------salta


sobre las aguas


---------------------------------se diluye como pez en el tiempo.


4


A esa liebre, como dijera Wittgenstein, la busco, la persigo


en mis poemas, pero yo sólo veo la corneja posada entre las ramas


del abeto, aquí, lejos, en Rusia, a miles de kilómetros de Cuba,


a millones de polvos de tus huesos a cenizas de letras


que me arrastran a contemplar la luna tu apellido posado


en ese árbol contra el cielo cubierto por la nieve.


5


Al pronunciar tu nombre como un cuervo, graznar


hacia la noche tu apellido, salen las plumas negras de mi boca,


se clavan como agujas en mis dedos, escribo y sale viento


de mi mano, un aire que sacude las palabras te busco


como un niño que se pierde en un bosque de noche y sólo escucha


la corneja tatuada en el camino la corneja del Cid


(que es la de Pound) el viento de la niebla, sólo un niño


bajo un árbol de noche es un desierto al que llaman Milena,


un nombre sin sentido que no es nombre y vuela salta del suelo


hacia la rama y te pronuncia “ Kafka” .


6


Doy mi vida por amarte


----------------------------junto a la chimenea


----------------------------a orillas de la estufa


de esta noche en Moscú, huyendo de la cárcel, de los hierros,


herido por la voz de la familia que llama por teléfono,


me encuentran siempre triste alguien dijo mi breve dirección:


“está al norte del Volga, al sur del aeropuerto, llegó bien, pero hay hielo de muerto en su mirada”. Y las voces oh Kafka me recuerdan a ti entre la penumbra redactando tus obras para darlas con Brod al vano fuego.


7


Entonces la corneja que me mira y yo siento tu voz en su discurso,


familia eres del cuervo y yo contigo arrodillado tiemblo en la cocina


de un mal apartamento aquí, en Moscú. Digo “frambuesa”,


devoro una tostada sin caviar y aparece la rama despejada,


el ave permutó, se ha ido lejos, hacia dentro, como yo de mi tierra,


para siempre, perdido en unas fotos, en flashes de miradas


que separan a un pájaro de otro, una señal maligna


en el camino del hombre hacia su muerte.


8


Puede que un día:


----------------- - -a) quemen tus relatos


----------------- - -b) los tiempos ya no existan


----------------- -- c) se confundan tus padres


------------------ - d) familiares ya no estampen el sello


------------------ -- --de tu ilustre apellido en los paraguas


--------------------- -en membretes correos,


pero tú, Franz Kafka, demonio de los cielos destruidos,


siempre estarás posado en la distancia, aunque a veces los ojos


nos engañen y pensemos que vimos la corneja,


---------------------------que te vimos a ti


-----------------------------------brillar sobre el abeto.


ANNY BOULD


(inédito)


de: Los poemas clonados de Anny Bould


Un día imaginé que yo era Anny Bould


(una poeta que se ahogó en un lago de Suiza).


Pensé que yo era ella y que me levantaba


antes de que saliera el enfermo sol de noviembre,


tomaba un té con tostadas y me despedía


en silencio de mi pequeño perro.


Después pensé que bajaba unas escaleras de madera,


tomaba un camino angosto, recogía algunas piedras


del suelo y silbaba una canción de Morbid Tales


cuando iba en dirección al lago asesino.


Cuando llegué a la orilla del lago,


me acosté boca arriba sobre la hierba,


y hablé un rato con el cielo que a esa hora lanzaba


sus primeras luces sobre la ciudad de Lucerna.


“Qué bello eres”, le dije al cielo, y el viento


helado, que en ese instante previo a mi suicidio


sopló como unos belfos de caballo salvaje


alzó, como una tela de oro, mi pelo amarillo.


También pensé en el misterio de la muerte,


en las teorías sobre la metempsicosis de Pitágoras,


y en los primeros filósofos y poetas de la antigüedad.


Pensé en estos tiempos de clones y ciencias vanas


y medité en la maldad del hombre sobre el mundo,


“¿por qué tienen que pasar estas cosas?”


--le pregunté al viento helado que ahora se escondía,


como una rata invisible, entre los árboles.


Pero nadie respondió a mi pregunta aquel día,


y esto que ahora les cuento, esto que imaginé una vez,


sucedió también por noviembre, pero hace ya mucho tiempo.


Ese día que imaginé que yo era la poeta Anny Bould,


y que lloraba boca arriba sobre la hierba, acostada


a la orilla de un lago que apenas reflejaba


en su lomo la cronología y los misterios del universo.


Lloraba sin consuelo, y pensaba, como ahora,


en mi pequeño perro, antes de meterme para siempre en el agua.


CONFESIONES


(inédito)


Al principio yo anhelaba ser el príncipe de la poesía, el rey


de las palabras, un ministro de los poemas con una medalla


sobre mi oscuro pecho, una corona de oro alumbrando


con su dorada luz mi noble cabeza. Después, bajé mis metas


y me propuse ser un licenciado, un doctor en gramática,


políglota, un James Joyce, usar barba, un abrigo negro


hasta los tobillos, las gafas circulares, la pipa entre los labios


recitando los versos de Charles Baudelaire. (Recuerdo


que tenía la foto de Vallejo debajo del cristal de mi mesa


de noche y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos


cruzadas encima de un bastón con el puño de plata,


en forma de león, para creer un instante que mi nombre


era César. --Incluso estuve preso por parecerme a él.)


Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard: “para el hombre


que aspire a triunfar en la vida existen dos caminos: ser César


o ser Nada”. Y yo lo repetía con la convicción de que era


(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios. Sin embargo,


las cosas han cambiado y mi punto de vista se cayó en un


abismo. Ya no aspiro a ser príncipe, ni ministro, ni rey,


ni políglota un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire


porque ambos están muertos, y un hombre, si está muerto,


vale menos que un perro. Ahora aspiro a las cosas sencillas


de la vida. (Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.) Miro


el agua de un río sin pensar qué es el agua, me acuesto


entre la hierba y disfruto del sol. Pienso, respiro, siento


cómo limpia el oxígeno mi sangre, mis pulmones, late


en mi corazón. Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:


Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama para cantar


mis versos, también una ventana para mirar el mundo,


aunque no tenga un piso, ni un palacio, ni un templo. Un marco,


una ventana para asomar mis ojos, humilde, con asombro,


sabiendo que soy polvo, y, debajo del cielo, un animal o nada.


EL OBRERO


(inédito)


He traído un pico y una pala para cavar un poema en la hoja. Ya he pasado la primera capa de hielo que construye el silencio sobre el blanco papel. (Esa lámina fina, inmaculada.) Ahora rompo las piedras, los gusanos que aparecen debajo de mis dedos. Golpeo duro, golpeo en cada sustantivo, gerundio o participio. Las palabras parecen las hijas sublimes del metal más propicio. Ya introduzco mis pies dentro del hoyo. Los zapatos se ensucian, pero sigo golpeando con las vísceras, la sangre en cada movimiento que ejecuto. Golpeo fuerte, golpeo el sustantivo, adverbio, el adjetivo. Los minerales sangran debajo de mis suelas. Ya introduzco mis piernas, pantalones, hasta doy la cintura para abajo. Me quito la camisa, me desnudo. Se trabaja mejor en ese estado. Meto mi vientre, el pecho, los dos brazos para golpear con fuerza el agujero, perforar hasta el fondo del idioma, hasta el verbo del fango. Apenas veo hierbas, ya no hay árboles, ni casas ni consuelos en un círculo. Sólo están mi yo y mi doble ego dentro de mi cabeza. Pero no me amilano, mi espíritu no tiembla, duro golpeo hasta dejarme el músculo y quedarme en los huesos bajo tierra. Así, ahora, sin cielo, la tierra como un techo me ha cubierto, se acuesta como un monstruo sobre mí. Pero yo no me canso, sigo, muerdo la muerte con mi pico y con mi pala, las paredes, las rocas. Y así, sólo, en el agujero sellado bajo tierra, esperaré a que venga otro poeta a golpear como yo la dura hoja, a enterrarse de nuevo en el poema. Tal vez encuentre mi cadáver vivo que no para nunca (con el pico y la pala rotos) de golpear y golpear versos en vano.







TRINAJE, CARMEN MARTIN.

04 12/07
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I. Muñeca tatuada


Un rapto, espacio vacío buscando una mano.

Piezas inconclusas; un baile que fractura a los danzantes.

Una cara vagamente conocida, incesto blanco en una cama mineral.

El rostro del padre horadando mi cuerpo.



Una cara vagamente conocida


Yo.








Canta algo

Golpe deja

Nadie da



Estaba cubierta de polvo, en el piso, buscando sus dientes quebrados.

II

Un pájaro respira y mis manos que se cierran sobre él. Choque monstruoso, mixtura entre cuerpo y cristal.


Yo no voy. Camino entre figuras maquilladas. Yo espero algo que no llega.

Mi presencia me abandona.


Tratando de explicar la postura de las manos, el orden de la letra en la palabra silenciosa. Música funesta. Pájaros.


El canto terrible de los pájaros: disonancia. Como si no pudiera existir un orden.

Canon de gritos agudos, olas de sonido desigual.


Despacio, entrando. Los lados de la espalda. Pájaros en las esquinas. Pájaros en las muñecas. Pájaros precipitándose en el ápice de las palabras. Palabras que no dicen.

Palabras que no son.


Un contrapunto que palpita en los rincones. Que designa el cómo y qué de cada cosa.



Doblo

estructura

recibo

silencio.


Imagen inversa,

amalgama nefasta:

mi rostro

sobre mí.


SACRO

FACTUM

no existe sonido

no narra palabras

no dice la voz

se abstraen los tonos

se hace el vacío

no hay forma

ni asidero

ni reflejo ni sustancia


Mi cuerpo es un vestido

quebrajado y doloroso


No narra palabras

No dice la voz.



Queriendo hablar no pude entender la forma de mis palabras.

Un no verse: los rostros mezclados, una cara compuesta de un puñado de facciones arrojadas de golpe sobre una cama deshecha

La misma cama donde yo

Queriendo dar nombre al silencio, me abría y me cerraba sobre mí.




Dicho un metal

destinado hacia el oro


Respira.


Abre y encauza

por las trizaduras de la

espalda,

las estrías que designan

a los elementos

y su combustión


Pegarse, frotar

hacer la luz en

el azogue


impulso

tendencia

compulsión a la repetición


La selección de los poemas aquí presentados, pertenecientes a Trinaje, obtuvieron el Premio de Poesía del Concurso de Literatura de la Universidad Finis Terrae, el presente año. Trinaje, primera obra de la autora, verá la luz próximamente por el sello editorial Las Dos fridas.

PRESENCIA INTERMINABLE DE JOSÉ.

04 12/07
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José Kozer estuvo entre nosotros en los meses recién pasados. Prodigándose, dictó cursos en la Universidad del Desarrollo de Santiago de Chile, dio conferencias, habló y escuchó a los jóvenes y no tan jóvenes poetas que se le acercaron. Presentó dos libros suyos, "Mueca la Muerte", editado por la Editorial Normal, Colección Siete vidas y" De donde oscilan los seres en sus proporciones", publicado por Ediciones Del Temple. Leyó en un stand en la feria del libro de Santiago, sin micrófono, ante los oyentes que nos sentamos en círculo, en el piso, a escucharlo. Conversó, caminó Santiago, viajó a Valdivia y allí leyó también sus poemas. Se robó unas cuantas palabras chilenas, como gavillas con la que hizo un nuevo libro de poemas. Nos dejó una estela de humor, de amor, de diálogo entrañable. De todo ello quiere dar cuenta El Estudio del Sur, en este pequeño homaje a la presencia interminable de José.

LA HERIDA


Bajo la saya, anfractuosidades.

Y debajo sin inscripciones las alas extendidas de un ave
de pergamino.

Escarcha: debajo un arabesco de pezuñas.

Un rasguño: se filtran aguas desteje el aire una acrobacia
de pájaros, disueltos.

Está viva, es lo cierto: rotundos hormigueros.

La mujer es un pájaro de gasas sus muslos un hilo ámbar
(otro) jirón de la seda.


Pertenece a: DE DONDE OSCILAN LOS SERES EN SUS PROPORCIONES.


ACTA

La facultad de ser caballo no la poseo (todavía).

Mi madre en su condición actual podría poseer las facultades
de la acémila, lento
corpachón, ancas anchas, el peso
mastodonte (penachos al aire) del
percherón: podría caracolear que
no me daría cuenta; piafar, no oiría;
parirme, no tendría yo la condición
equina: evidente, todo nos separa
más que nunca.

De la a a la g, que yo sepa, no nos unió nada: el resto del
abecedario bien puede
ser una admonición de vacío indicativa
de la inexistencia de Dios, pongamos:
que ella vive a su modo metempsicósico,
yo sentado al porche de una destartalada
casa de chillas despintadas, la mecedora
rechina, la tela metálica con más agujeros
que una criba, criban y criban muertos, de
un río lejano llega brisa, olor a fango, a
fenol, cloroformo, (cada seis horas le
inyectaban morfina): un chupamirtos liba
sosteniendo la existencia del polen y del
aire, una migración de abejas, una
proliferación de esporas, el universo inescrutable de los microorganismos
sobreexcitados a la hora del descendimiento
de mi madre: a su último artificio, la más
estólida expresión de dios.

El Dios en exceso expresivo de los judíos.

La zarza la miel el queso de oveja.

Una muerte deslucida donde culmina la generación (éxodo)
de mi madre.

Estable inestable, el acertijo y el talismán han concluido:
me preparo poco
a poco para cambiar de forma, imagino
entre otras circunstancias a mi madre
entrar a un reino sin horizontes (bridas)
(estampidas) ella la bella potranca baya
que se precede en el transcurso de un
segundo a lo milenario dislocando lo
que cesa.

DE: MUECA LA MUERTE
La intensidad perceptual, característica de las más constantes en la poesía de José Kozer, realza en este libro la inagotable mutación de sus imágenes. Zona de riesgo donde se juega de suyo una voz, cantante-incantatoria, inconfundible. Viajero de la senasación, el poeta conecta lo disímil, lo aparentemente disociado , y retrotae el lenguaje a la palabra: su inmersión en la multiplicidad del sentido(…) La expansividad de la poesía de José Kozer no representa, entre nosotros los de su misma lengua, una apuesta expansionista; en su abigarramiento, tiende más bien a la gestación de un espacio misterioso, horizontalmente asediado por el vértigo verbal y sus infinitas iluminaciones y tormentos. Esa dimensión acontece en lo orgánico de sus formas compositivas. Crucial afectividad hacia cada una de las palabras que integran su tejido, su reguero detonador, su acción de gracia.

Reynaldo Jiménez

(Palabras a De donde oscilan los seres en sus proporciones).

UN DIVERTIMENTO INÉDITO, DE JOSÉ KOZER, (JK), ESPECIALMENTE PARA EL ESTUDIO DEL SUR

01 12/07
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DIVERTIMENTO


El chiste estriba en pautar el día con precisión milimétrica y de
repente soltar amarras.

Al llanto de la cebolla no hay que temer, la lágrima de cocodrilo,
siempre y cuando sea verde, es
buena compañía.

Entre lo suelto, saltar a un bote de remos, llegar a un punto
conocido (nada de centros ni la
cabeza de un guanajo) irse (ahí)
a la deriva: ¿a qué? Da lo mismo.
Tumbarse a lo largo de la eslora
a tomar (gris) sol, abrir la caneca
de vino de arroz, una de vino y
una de encurtido japonés. Ver
pasar nubes empingorotadas
semejando sargazo alejándose
(agradecedlo a la marea) de
la costa. Quitarse la trusa y
manteniendo el equilibrio a
babor, echar una meada
prolongada de la que beba a
saciedad unas onzas el pez de
carnes blancas que servirán
a la Primera Dama del pueblo:
ahí está el chiste, en ser el más
meón (socarrón) de los poetas
asiáticos (habidos y por haber)
del lago (presente).

A solas, claro está, que es así como se disfrutan los resultados:
meado chino compuesto de grandes
dosis (apelotonadas) de arroz
delicuescente, una naranja agria
para someter los rigores de la
carne de pato dulce, su porción
de verduras en largas tiras
pasadas un minuto por la gran
sartén comunitaria, el aceite
hirviendo: ese líquido gualda
pespunteado por espesas gotas
de microorganismos de letal
naturaleza, tras subirme la
trusa fue a parar a la negra
cerveza del burgomaestre, a
la sopa de choros y machas
de la jamona del moño teñido
de caoba, y por supuesto, a la
pareja (mona, muy mona) de
zangaletones que trajeron al
mundo: la chica ya de mis
meadas adquirió color de
ictericia, el chico (atildado)
de zarrapastrosa entraña,
fija el ojo en cifras que, meado,
pronto arruinan a la familia: y
yo me meo de risa. Remo de
regreso, tras haberme soltado
el pelo, durante dos o tres horas
a la deriva por el Lago de Todos
los Santos: vuelvo (repuesto) a
mis quehaceres del día
(quehaceres de Todos los Días)
ahora sí que sí la cosa va en
serio, el cuajo está en ir chano
chano, nada de premuras
(a menos que surja un retortijón
peristáltico).

Los países son estrechos, las alcurnias les quedan anchas, y yo mejor
me quedo en casa, a mis ventosidades:
haya paz (estomacal) en toda la tierra
(de cultivo) un mausoleo en honor al
subproducto universal de todos los
vientres, no hay heredad ni continuidad
de la especie, sin retortijones. Así lo
quiso el Buen Dios: sin tachas recojo
con letra erguida lo bimano entre lo
subrepticio infrahumano que en mucho
(la gota fétida; la caca hilacha) nos
empareja. Estoy contento (al milímetro)
de escribir, colateral; y por caminos
indistintos, preparar mis sopas bobas,
a costillas del fisco, o de imaginar cosas
que luego son (de pronto). La papa
proviene de mi huerta (no paga impuestos)
el caldo transmeado es líquido infuso
(olímpico) que un dios pagano desde
adolescente me concede (tampoco es
tasable): remato la tarde, ajeno a toda
contrición o volición, sentado (arcádico)
sobre el poyo (bajo el olmo) a la entrada
de una cabaña (por virtual, real) fumando
larga pipa de opio, su larga sombra de
bambú se funde con la sombra larga de
una coleta a mis espaldas, a medias
Tu Fu.




JOSÉ KOZER EN VALDIVIA

30 11/07
Etiquetado con: general

Por Verónica Zondek

José Kozer, poeta prolífero y torrencial, nació en 1940 y emigró junto a sus padres a Nueva York en el año 1960 donde a partir de 1965 y por 37 años, enseñó lengua y literatura en Queen’s Collage. Desde que jubiló en el año 1995 reside en Hallandale, Florida. Nació y creció en La Habana en el seno de una familia de judíos inmigrantes de habla yiddish además de las vernáculas provenientes de Checoslovaquia y Polonia, por lo que desde muy pequeño conoció la fuerza poética que suele entregar la extrañeza de la lengua, asunto que luego quedo mas reforzado aun con la urgencia de aprender el inglés y poder sobrevivir en el nuevo medio. Kozer es un poeta que ha sido catalogado y que se auto-cataloga como vemos en la ya famosa antologia Medusario, de la cual es uno de los autores, como neo-barroco. Sin embargo creo que a pesar de que efectivamente desarrolla un gusto por la textura y un amor gozoso por la expresión compleja de la lengua y ademas saborea el ritmo hipnótico que le permite acceder a sentidos ocultos y polifacéticos, pienso que Kozer es también y gracias a su calentura y afán por el cotidiano ajetreo y a su relación íntima con los objetos cotidianos, a la evocación y ensoñación a la que lo conducen ciertas palabras o hechos o historias, un poeta conversacional y que mucho le debe al chisme entendedor y comunicador. Profundamente involucrado con el mundo que lo rodea es también un buceador nato de las honduras y preguntas esenciales del hombre. Es como si a través de esa aventura y los detalles que recoge y apila sobre el papel, lograra de algún modo encontrar un orificio por el cual deslizarse y arrastrarse hasta asir con las palabras ese mundo intercultural y asimilador preso en la maraña de la memoria y donde logra finalmente conectar su actualidad viva con aquella que antes vivió o vivieron aquellos que cementaron los muros de su casa imaginaria y ambulante. Es justamente a través de lo fónico y lo rítmico, que atrapa y logra plasmar la realidad concreta, la que gracias a un engolosinamiento casi o definitivamente sensual, actúa como detonante de la imagen, de la historia y de la memoria que se abren paso en la escritura. El lenguaje explora e ilumina el misterio que sobre esa superficie se presiente. El poeta navega con simplicidad y anota gracias a los afluentes judaicos, cubanos, latinos y también al peso del acervo mitológico y fundacional de la cultura occidental y oriental, el rico mosaico a través del cual nos expone su original y generosa construcción poética. No hay excluidos. Tampoco mensaje moral sino un reconocimiento a la riqueza y diversidad de un mundo que hace esfuerzos inusitados por homologarse y a la vez hacerse, accesorio útil y eficiente. Toda esta escritura adquiere finalmente una polifonía sonora y significante que produce amplios y variopintos sentidos. Brilla en estos poemas prosísticos una fe en la poesía como cuerpo de investigación, asunto que la aleja definitivamente del escepticismo post-moderno que parece borrar todo parámetro de interés humano, excepto el que iguala peras con manzanas y que anula de un paraguaso la sabrosa y rica impronta que aportan las diferencias: es decir, esos filones por donde es posible penetrar y encontrar lo oculto. Poesía entonces, comprometida. Comprometida con lo cotidiano, con el mundo y con la búsqueda humana de lo inefable, y sobretodo con la natural sincronia de lo latino. Y vuelvo nuevamente a lo de neo-barroco, porque es justamente este viaje por las diferentes texturas del lenguaje, la prima herramienta que el poeta Kozer utiliza con maestría para lograr un lenguaje poético que aún nos interpela. Debo decir que es esta lengua ‘Kozeriana’ la que finalmente se constituye en un mundo posible y habitable para el poeta trashumante.
Quiero agregar por último que pienso que su desarraigo arraiga en el mundo creado. La lengua: hogar de recuperación y creación. Es aquí donde Kozer construye una posibilidad cierta de lo humano al ser resistencia y oposición ante el tráfago devorador del ritmo vital actual y por ende, una lectura de sus poemas se convierte para nosotros los lectores en un espacio natural de reflexión, conocimiento y vuelta a los sentidos y percepciones que algunos van queriendo por ahí, que olvidemos.
Antes de dejarlo con Uds. algunos datos bibliográficos:

Kozer escribe todos los días. Ha publicado 40 libros de poesía. Los más recientes por Tse-Tsé en Buenos Aires, Fdo. de Cultura Económoica en Ciudad de México, Letras Cubanas en La Habana y por Editorial El Temple y Editorial Norma acá en Chile.

Dejo con Uds. al poeta y cualquier duda, pregunta o información, pueden formulársela directamente al final de esta lectura

Valdivia, Octubre 2007

IMITACIÓN A POE EN LOS PAÍSES BAJOS. DOLAN MOR.

30 11/07
Etiquetado con: general

Era invierno con lluvia (decían los cristales
en el Hot Spot Café) / Era invierno / yo estaba
en un bar y bebía mientras telefoneaba el número
de un club (un teléfono móvil para hablar
de negocios con una prostituta
que tuviese las manos dulces como la seda) /

"Bebería tu carne como tela de vino
si envolvieras mis huesos / bebería tu boca /
el alcohol de tus senos / y el canal de tu espalda
al bronce de una lámpara "/
--decía una canción en el Hot Spot Café--

El neón de la lluvia tejía sus diamantes
ocultos en la noche de los barrios de Amsterdam /

"Te llamaba / Dios mío --dije mientras bebía whisky
de un largo sorbo-- para quemar mis huesos
en una habitación / Media hora de lujo en tu casa
de citas o en el club donde actúas esta noche invernal"
--terminé en un susurro que apenas se escuchó--/
pero me contestaron en francés al teléfono /
me dijeron: "la lluvia se posa en tu ventana...
/asómate / si puedes en el número 3 de la calle
Enge Kerksteeg / apuñala en tus ojos el fervor
del pecado / desenvuelve una a una las plumas
de tu falo / piensa que ahora tu sombra se convierte
en el cuervo que un día fue Eleonora" /

No supe contestar porque no creo en nada /
ni en Sartre ni en Madonna ni en los cuentos
de Kafka / Sólo la calle el cine alimentan mis horas /
Discotecas pastillas polvos golpes nevera en los bares
nocturnos como hoy que llamaba / mientras
el barman cobra otro whisky sin hielo...

Ya cruzo los canales que bajan a los cielos
para verme con Dios travestido de Palas /
Me abren la puerta y entro / pero quien me recibe
es un bello cadáver con los labios cosidos /
con los senos azules / las nalgas como lirios
de esperma / y la vagina levemente operada...

Entonces me despierta el agua de la ducha
cayendo en el hotel donde estaba dormido
con un vaso de vidrio inclinado en la mano
(creo que era el Schiphol porque escuchaba aviones):

Me había empastillado sentado en la bañera /
con un libro de Poe abierto entre las piernas .





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