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Estudio del Sur

ANDI NACHÓN: PLAZA REAL.

FURGÓN: AL OESTE.

   

Por lealtad

 

se suben bicicletas al vagón, se les cuelga

de esos ganchos y la mano

sostiene confiada su bamboleo. Sólo

por lealtad hacia esta tarde

encaminada a noche, su tren cruza

estaciones del oeste

las pintadas y franjas

indemnes de rosas, naranjas para otro

atardecer entrevisto

al pasar sus ventanas. Sea entonces lealtad

 

este impulso a pedalear rumbo a casa

infinitos

gastos en transporte y cansancio

recostando las cabezas: apoyan rodillas, cuerpo

sentado al amparo de la propia

bicicleta que cuelga. Leal también

 

entra esta tarde en promesa

veranos inminentes y cambios

climáticos para polleras

 

algo más cortas si el fin

de semana se acerca. Duermen entre rayos

erizan cuadrantes, cadenas

 

pedales marcados por el polvo, óxido de eso

que es tu bici suspendida, una forma

de llagar a hora. Cada día trabajo y regreso. Retorno

de la tarde en otra

 

primavera de estreno. Come el chico

su sándwich de milanesa, sobre la cadera

apoya el manubrio o esa mochila

que su espalda carga y lleva

con cierta nobleza. Y dice resistencia

 

gigante un grafitti sella el galpón

fábrica antes ahora esos

vidrios rotos para ventanas

que hablan de cuál

posible resistencia. Paisaje alerta

a la espera igual a esos ojos

niños del joven

asoman la gorra y reflejan tantos brillos

sin decir dureza. Resiste un cuerpo

horarios y resiste sólo

en fidelidad a eso que ahora

está partiendo. Cruces

 

de otra estación suburbana, para el furgón o alianzas

que elevan bicis

por las ventanas: libertad

o luche y se van signados también

contra el atardecer. Vendrá la noche, otro

  

viernes madrugadas vendrán en fuga

tal vez días de festejo. A las seis

cuarenta y cinco apenas cuerpos

que conocen de tareas, cansancio o el descanso

cuando hiere el sol las ventanillas y en rayos

de la bici es reflejado para volver

otra vez al oeste de qué

paraísos probables.

  

SANTA LUCÍA: HOSPITAL DE OJOS

 

-Santa Lucía, déjanos ver.- Aquí donde esperamos todos

mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más

de cincuenta números antes, aquí, Santa

permítenos la espera- a mí, a los otros- cierta dignidad

en bordes poco limpios

inhóspitos

rincones estos de la pública

salud y heridas

 

por trabajos varios, soldadoras o astilla

que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí

ver claro cómo

esto alcanzaría para todos. A la espera con números

imposibles del cien al dos

diez ¿cuánto

habrá más que esperar para ver? Alcanza con el verde

 

pleno de febrero y alcanza para más

este estar acá. Guardia

médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo

sangrante del hombre viejo. Son de fajina

sus pantalones y uniforme, aquí

donde también él

 

tendrá sus sueños cuando espera y vos

al lado le tendés otro pañuelo.- ¿Es rojo

 

esto que veo? ¿Tiene el dolor

algún color?- “Santa Lucía, que estás aquí

hecha por nosotros- para nos- los que en fila

esperamos qué salvación : déjanos ver un probable

tiempo para todos

donde también este penar

tenga su sitio sin apostar al empuje

del otro para hacer lugar: “ Y hay algo

 

definitivo de barco hundido aunque alcance

el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro

ser nosotros y así

la luz completa de febrero

no se opaque ni se sostenga más

esa regla del pobre

para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas

  

cuando no estamos ahí

donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya

justificar . Lavandina más espadol, el alfajor que la nena

como inquieta en un rincón. Ciento

sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros

de la impaciencia al fastidio porque nada

logra a veces ligar en dolor, ni siquiera

cierta redención.- Pero estalla afuera esta mañana

única de febrero, cualquier posible

caminata al sol, el mismo aquí, en esa

 

clínica privada siempre aséptica no

la salud no se paga

no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.- Santa

Lucía Santa, recuérdanos que nosotros

y  los otros igual moriremos. Y alcanza

con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía

ser suficiente aunque la madre

da un bofetón a la nena, en esta calma chicha

tan parecida a sala previa

del huracán que borre toda

 

espera pero no. Vos

aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena

sino que a ver

 

vinimos aquí Lucía: solamente a vernos,

los unos a los otros, ya que este

espacio alcanzaría para todos

cuando casi esa mano

del hombre herido sobre el hombro

blando de su chica alcanza

también estas entrañas. Lucía aquí

vos despierta con nosotros.

  

ANDI  NACHÓN, Buenos Aires, 1970. Docente de letras y periodista.

Ha publicado: Siam, Nusud, 1990; Warzsawa, Bajo la luna nueva, 1996; Taiga no rio do Janeiro, Edicoes da passagem, 2001; Goa, Tsé-t´se, 2003; y Villa Ballesta-Ñuñork, Surada ediciones, 2003, entre otros. Los poemas aquí seleccionados pertenecen a

Plaza real, ediciones La Bohemia, Buenos Aires.

  

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OSCAR CRUZ, LOS MALOS INQUILINOS

Oscar Cruz, Santiago de Cuba, 1979. Graduado en historia. Poeta y editor. Ha obtenido los premios "Luisa Pérez de Zambrana", "Medalla del soneto clásico", "Juegos florales, Santiago de Cuba", "Mangle rojo" y el premio David, de Poesía. Reside en Santiago de Cuba. Los poemas aquí seleccionados pertenecen al poemario Los malos inquilinos.


ECLESIATÉS SEGÚN STALIN


hoy hablaremos de la muerte
del uno por el uno contra uno
hoy hablaremos de dios de Vladimir Ulianov
les propongo sangrar lustrar el cuchillo
hablemos hoy sólo hablemos del bigote
del pase de lista
de ciertas instrucciones para soplar
ah! Rosa Luxemburgo no la ROSA
en su concepto
la invariable flor de las compotas
del grupo varón en los graneros
somos gente sencilla
ante la muerte ante dios ante Vladimir Ulianov

lentas caravanas de hormigas
que arriban a la barbarie.


ESPEJO INTERIOR

no volverás a Ur a sus láminas
no cortarás acantos en el huerto del sajón
han levantado un reino en Miraflores
y dicen: habrá pasto peinetas sirias
mercaderías de punta en estuches egipcios

no volverás a la noche a sus tamaños
al duro gravitar de la memoria
tengo a cargo un latigazo un libro de Lenin
credenciales falsas de libre asociado

la tarde cae sentenciosa
y salgo a caminar por la bahía
converso con Flebas el fenicio
y todo es agrio desmemoria
todo fuga despacio a los salientes de la isla

las aguas me juzgan mal
simulan un jacuzzi una ruleta
traen nostalgias de Esparta de Moscú
de aquellos esplendores que siempre me dejaron

estas son las aguas de Virgilio
las mismas que asolan lentas
los salientes de la isla
no volverás a Ur no volverás
a menos que incendien Miraflores.


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DOLAN MOR: CUATRO POEMAS INÉDITOS EN ESTUDIO DEL SUR

Dolan Mor, Cuba,.. Poeta y narrador. Autor de El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov’s Butterflies (premio de la Delegación del Gobierno en Aragón, 2006), y Los poemas clonados de Anny Bould (premio Miguel Labordeta de Poesía, .

Antologado en Los chicos están bien: Poesía última (2007), Poesía para bacterias y en la próxima reedición de Las cuatro puntas del pañuelo: Poetas cubanos de la diáspora. Colabora en las revistas Turia, y Letralia. Sus textos se traducen al polaco.


Desde el año 1999 vive exiliado en Aragón.


A LA SOMBRA DE UN VIOLÍN PIENSO QUE SOY ANNE SOPHIE MUTTER


(inédito)


1


Veo una corneja que brilla sobre la rama de un abeto


mientras pienso en tu apellido (oh Franz Kafka) y medito:


---------------------------- -a) en tu familia sin dinero


--------------------------- b) en la empresa del cuervo


------------------------------- hacia el negocio


-------------------------- -c) en los alambres de tus cejas muertas


-------------------------- -d) en tu semblante enfermo taciturno


--------------------------- e) en tu cara de ave que me observa


------------------------------- delante de un espejo


--------------------------- - f) en tu nariz acaso el pico hundido


---------------------------- bajo la carne que destruye la vida.


2


¿Cuánta distancia existe entre tu muerte de escritor y un jardín


que florece con sus huesos o entre un bello cadáver que se viste


de lino y la palabra indescifrable “corvus“?


¿Cuánto silencio


--------------------------------------grumos en papel


--------------------------------------libros


--------------------------------------textos


--------------------------------------rosas portland


--------------------------------------escritos


--------------------------------------maldiciones de tos en sanatorios


para darnos al fuego sin sentido en misivas de amor


porque ese ha sido, oh corvus manedula, nuestro oficio?


3


Escucho una canción en alemán


-----------------------------es un violín con alas


porque, sabes, yo soy Anne Sophie Mutter que me hablo


--------------------------------------------------(a mí misma


de unos lagos en los bosques de Viena, del sol que se refleja


en el verano que buscamos, que huye como liebre


-------------------------------------------------------------salta


sobre las aguas


---------------------------------se diluye como pez en el tiempo.


4


A esa liebre, como dijera Wittgenstein, la busco, la persigo


en mis poemas, pero yo sólo veo la corneja posada entre las ramas


del abeto, aquí, lejos, en Rusia, a miles de kilómetros de Cuba,


a millones de polvos de tus huesos a cenizas de letras


que me arrastran a contemplar la luna tu apellido posado


en ese árbol contra el cielo cubierto por la nieve.


5


Al pronunciar tu nombre como un cuervo, graznar


hacia la noche tu apellido, salen las plumas negras de mi boca,


se clavan como agujas en mis dedos, escribo y sale viento


de mi mano, un aire que sacude las palabras te busco


como un niño que se pierde en un bosque de noche y sólo escucha


la corneja tatuada en el camino la corneja del Cid


(que es la de Pound) el viento de la niebla, sólo un niño


bajo un árbol de noche es un desierto al que llaman Milena,


un nombre sin sentido que no es nombre y vuela salta del suelo


hacia la rama y te pronuncia “ Kafka” .


6


Doy mi vida por amarte


----------------------------junto a la chimenea


----------------------------a orillas de la estufa


de esta noche en Moscú, huyendo de la cárcel, de los hierros,


herido por la voz de la familia que llama por teléfono,


me encuentran siempre triste alguien dijo mi breve dirección:


“está al norte del Volga, al sur del aeropuerto, llegó bien, pero hay hielo de muerto en su mirada”. Y las voces oh Kafka me recuerdan a ti entre la penumbra redactando tus obras para darlas con Brod al vano fuego.


7


Entonces la corneja que me mira y yo siento tu voz en su discurso,


familia eres del cuervo y yo contigo arrodillado tiemblo en la cocina


de un mal apartamento aquí, en Moscú. Digo “frambuesa”,


devoro una tostada sin caviar y aparece la rama despejada,


el ave permutó, se ha ido lejos, hacia dentro, como yo de mi tierra,


para siempre, perdido en unas fotos, en flashes de miradas


que separan a un pájaro de otro, una señal maligna


en el camino del hombre hacia su muerte.


8


Puede que un día:


----------------- - -a) quemen tus relatos


----------------- - -b) los tiempos ya no existan


----------------- -- c) se confundan tus padres


------------------ - d) familiares ya no estampen el sello


------------------ -- --de tu ilustre apellido en los paraguas


--------------------- -en membretes correos,


pero tú, Franz Kafka, demonio de los cielos destruidos,


siempre estarás posado en la distancia, aunque a veces los ojos


nos engañen y pensemos que vimos la corneja,


---------------------------que te vimos a ti


-----------------------------------brillar sobre el abeto.


ANNY BOULD


(inédito)


de: Los poemas clonados de Anny Bould


Un día imaginé que yo era Anny Bould


(una poeta que se ahogó en un lago de Suiza).


Pensé que yo era ella y que me levantaba


antes de que saliera el enfermo sol de noviembre,


tomaba un té con tostadas y me despedía


en silencio de mi pequeño perro.


Después pensé que bajaba unas escaleras de madera,


tomaba un camino angosto, recogía algunas piedras


del suelo y silbaba una canción de Morbid Tales


cuando iba en dirección al lago asesino.


Cuando llegué a la orilla del lago,


me acosté boca arriba sobre la hierba,


y hablé un rato con el cielo que a esa hora lanzaba


sus primeras luces sobre la ciudad de Lucerna.


“Qué bello eres”, le dije al cielo, y el viento


helado, que en ese instante previo a mi suicidio


sopló como unos belfos de caballo salvaje


alzó, como una tela de oro, mi pelo amarillo.


También pensé en el misterio de la muerte,


en las teorías sobre la metempsicosis de Pitágoras,


y en los primeros filósofos y poetas de la antigüedad.


Pensé en estos tiempos de clones y ciencias vanas


y medité en la maldad del hombre sobre el mundo,


“¿por qué tienen que pasar estas cosas?”


--le pregunté al viento helado que ahora se escondía,


como una rata invisible, entre los árboles.


Pero nadie respondió a mi pregunta aquel día,


y esto que ahora les cuento, esto que imaginé una vez,


sucedió también por noviembre, pero hace ya mucho tiempo.


Ese día que imaginé que yo era la poeta Anny Bould,


y que lloraba boca arriba sobre la hierba, acostada


a la orilla de un lago que apenas reflejaba


en su lomo la cronología y los misterios del universo.


Lloraba sin consuelo, y pensaba, como ahora,


en mi pequeño perro, antes de meterme para siempre en el agua.


CONFESIONES


(inédito)


Al principio yo anhelaba ser el príncipe de la poesía, el rey


de las palabras, un ministro de los poemas con una medalla


sobre mi oscuro pecho, una corona de oro alumbrando


con su dorada luz mi noble cabeza. Después, bajé mis metas


y me propuse ser un licenciado, un doctor en gramática,


políglota, un James Joyce, usar barba, un abrigo negro


hasta los tobillos, las gafas circulares, la pipa entre los labios


recitando los versos de Charles Baudelaire. (Recuerdo


que tenía la foto de Vallejo debajo del cristal de mi mesa


de noche y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos


cruzadas encima de un bastón con el puño de plata,


en forma de león, para creer un instante que mi nombre


era César. --Incluso estuve preso por parecerme a él.)


Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard: “para el hombre


que aspire a triunfar en la vida existen dos caminos: ser César


o ser Nada”. Y yo lo repetía con la convicción de que era


(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios. Sin embargo,


las cosas han cambiado y mi punto de vista se cayó en un


abismo. Ya no aspiro a ser príncipe, ni ministro, ni rey,


ni políglota un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire


porque ambos están muertos, y un hombre, si está muerto,


vale menos que un perro. Ahora aspiro a las cosas sencillas


de la vida. (Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.) Miro


el agua de un río sin pensar qué es el agua, me acuesto


entre la hierba y disfruto del sol. Pienso, respiro, siento


cómo limpia el oxígeno mi sangre, mis pulmones, late


en mi corazón. Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:


Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama para cantar


mis versos, también una ventana para mirar el mundo,


aunque no tenga un piso, ni un palacio, ni un templo. Un marco,


una ventana para asomar mis ojos, humilde, con asombro,


sabiendo que soy polvo, y, debajo del cielo, un animal o nada.


EL OBRERO


(inédito)


He traído un pico y una pala para cavar un poema en la hoja. Ya he pasado la primera capa de hielo que construye el silencio sobre el blanco papel. (Esa lámina fina, inmaculada.) Ahora rompo las piedras, los gusanos que aparecen debajo de mis dedos. Golpeo duro, golpeo en cada sustantivo, gerundio o participio. Las palabras parecen las hijas sublimes del metal más propicio. Ya introduzco mis pies dentro del hoyo. Los zapatos se ensucian, pero sigo golpeando con las vísceras, la sangre en cada movimiento que ejecuto. Golpeo fuerte, golpeo el sustantivo, adverbio, el adjetivo. Los minerales sangran debajo de mis suelas. Ya introduzco mis piernas, pantalones, hasta doy la cintura para abajo. Me quito la camisa, me desnudo. Se trabaja mejor en ese estado. Meto mi vientre, el pecho, los dos brazos para golpear con fuerza el agujero, perforar hasta el fondo del idioma, hasta el verbo del fango. Apenas veo hierbas, ya no hay árboles, ni casas ni consuelos en un círculo. Sólo están mi yo y mi doble ego dentro de mi cabeza. Pero no me amilano, mi espíritu no tiembla, duro golpeo hasta dejarme el músculo y quedarme en los huesos bajo tierra. Así, ahora, sin cielo, la tierra como un techo me ha cubierto, se acuesta como un monstruo sobre mí. Pero yo no me canso, sigo, muerdo la muerte con mi pico y con mi pala, las paredes, las rocas. Y así, sólo, en el agujero sellado bajo tierra, esperaré a que venga otro poeta a golpear como yo la dura hoja, a enterrarse de nuevo en el poema. Tal vez encuentre mi cadáver vivo que no para nunca (con el pico y la pala rotos) de golpear y golpear versos en vano.







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TRINAJE, CARMEN MARTIN.

I. Muñeca tatuada


Un rapto, espacio vacío buscando una mano.

Piezas inconclusas; un baile que fractura a los danzantes.

Una cara vagamente conocida, incesto blanco en una cama mineral.

El rostro del padre horadando mi cuerpo.



Una cara vagamente conocida


Yo.








Canta algo

Golpe deja

Nadie da



Estaba cubierta de polvo, en el piso, buscando sus dientes quebrados.

II

Un pájaro respira y mis manos que se cierran sobre él. Choque monstruoso, mixtura entre cuerpo y cristal.


Yo no voy. Camino entre figuras maquilladas. Yo espero algo que no llega.

Mi presencia me abandona.


Tratando de explicar la postura de las manos, el orden de la letra en la palabra silenciosa. Música funesta. Pájaros.


El canto terrible de los pájaros: disonancia. Como si no pudiera existir un orden.

Canon de gritos agudos, olas de sonido desigual.


Despacio, entrando. Los lados de la espalda. Pájaros en las esquinas. Pájaros en las muñecas. Pájaros precipitándose en el ápice de las palabras. Palabras que no dicen.

Palabras que no son.


Un contrapunto que palpita en los rincones. Que designa el cómo y qué de cada cosa.



Doblo

estructura

recibo

silencio.


Imagen inversa,

amalgama nefasta:

mi rostro

sobre mí.


SACRO

FACTUM

no existe sonido

no narra palabras

no dice la voz

se abstraen los tonos

se hace el vacío

no hay forma

ni asidero

ni reflejo ni sustancia


Mi cuerpo es un vestido

quebrajado y doloroso


No narra palabras

No dice la voz.



Queriendo hablar no pude entender la forma de mis palabras.

Un no verse: los rostros mezclados, una cara compuesta de un puñado de facciones arrojadas de golpe sobre una cama deshecha

La misma cama donde yo

Queriendo dar nombre al silencio, me abría y me cerraba sobre mí.




Dicho un metal

destinado hacia el oro


Respira.


Abre y encauza

por las trizaduras de la

espalda,

las estrías que designan

a los elementos

y su combustión


Pegarse, frotar

hacer la luz en

el azogue


impulso

tendencia

compulsión a la repetición


La selección de los poemas aquí presentados, pertenecientes a Trinaje, obtuvieron el Premio de Poesía del Concurso de Literatura de la Universidad Finis Terrae, el presente año. Trinaje, primera obra de la autora, verá la luz próximamente por el sello editorial Las Dos fridas.

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PRESENCIA INTERMINABLE DE JOSÉ.

José Kozer estuvo entre nosotros en los meses recién pasados. Prodigándose, dictó cursos en la Universidad del Desarrollo de Santiago de Chile, dio conferencias, habló y escuchó a los jóvenes y no tan jóvenes poetas que se le acercaron. Presentó dos libros suyos, "Mueca la Muerte", editado por la Editorial Normal, Colección Siete vidas y" De donde oscilan los seres en sus proporciones", publicado por Ediciones Del Temple. Leyó en un stand en la feria del libro de Santiago, sin micrófono, ante los oyentes que nos sentamos en círculo, en el piso, a escucharlo. Conversó, caminó Santiago, viajó a Valdivia y allí leyó también sus poemas. Se robó unas cuantas palabras chilenas, como gavillas con la que hizo un nuevo libro de poemas. Nos dejó una estela de humor, de amor, de diálogo entrañable. De todo ello quiere dar cuenta El Estudio del Sur, en este pequeño homaje a la presencia interminable de José.

LA HERIDA


Bajo la saya, anfractuosidades.

Y debajo sin inscripciones las alas extendidas de un ave
de pergamino.

Escarcha: debajo un arabesco de pezuñas.

Un rasguño: se filtran aguas desteje el aire una acrobacia
de pájaros, disueltos.

Está viva, es lo cierto: rotundos hormigueros.

La mujer es un pájaro de gasas sus muslos un hilo ámbar
(otro) jirón de la seda.


Pertenece a: DE DONDE OSCILAN LOS SERES EN SUS PROPORCIONES.


ACTA

La facultad de ser caballo no la poseo (todavía).

Mi madre en su condición actual podría poseer las facultades
de la acémila, lento
corpachón, ancas anchas, el peso
mastodonte (penachos al aire) del
percherón: podría caracolear que
no me daría cuenta; piafar, no oiría;
parirme, no tendría yo la condición
equina: evidente, todo nos separa
más que nunca.

De la a a la g, que yo sepa, no nos unió nada: el resto del
abecedario bien puede
ser una admonición de vacío indicativa
de la inexistencia de Dios, pongamos:
que ella vive a su modo metempsicósico,
yo sentado al porche de una destartalada
casa de chillas despintadas, la mecedora
rechina, la tela metálica con más agujeros
que una criba, criban y criban muertos, de
un río lejano llega brisa, olor a fango, a
fenol, cloroformo, (cada seis horas le
inyectaban morfina): un chupamirtos liba
sosteniendo la existencia del polen y del
aire, una migración de abejas, una
proliferación de esporas, el universo inescrutable de los microorganismos
sobreexcitados a la hora del descendimiento
de mi madre: a su último artificio, la más
estólida expresión de dios.

El Dios en exceso expresivo de los judíos.

La zarza la miel el queso de oveja.

Una muerte deslucida donde culmina la generación (éxodo)
de mi madre.

Estable inestable, el acertijo y el talismán han concluido:
me preparo poco
a poco para cambiar de forma, imagino
entre otras circunstancias a mi madre
entrar a un reino sin horizontes (bridas)
(estampidas) ella la bella potranca baya
que se precede en el transcurso de un
segundo a lo milenario dislocando lo
que cesa.

DE: MUECA LA MUERTE
La intensidad perceptual, característica de las más constantes en la poesía de José Kozer, realza en este libro la inagotable mutación de sus imágenes. Zona de riesgo donde se juega de suyo una voz, cantante-incantatoria, inconfundible. Viajero de la senasación, el poeta conecta lo disímil, lo aparentemente disociado , y retrotae el lenguaje a la palabra: su inmersión en la multiplicidad del sentido(…) La expansividad de la poesía de José Kozer no representa, entre nosotros los de su misma lengua, una apuesta expansionista; en su abigarramiento, tiende más bien a la gestación de un espacio misterioso, horizontalmente asediado por el vértigo verbal y sus infinitas iluminaciones y tormentos. Esa dimensión acontece en lo orgánico de sus formas compositivas. Crucial afectividad hacia cada una de las palabras que integran su tejido, su reguero detonador, su acción de gracia.

Reynaldo Jiménez

(Palabras a De donde oscilan los seres en sus proporciones).

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UN DIVERTIMENTO INÉDITO, DE JOSÉ KOZER, (JK), ESPECIALMENTE PARA EL ESTUDIO DEL SUR

DIVERTIMENTO


El chiste estriba en pautar el día con precisión milimétrica y de
repente soltar amarras.

Al llanto de la cebolla no hay que temer, la lágrima de cocodrilo,
siempre y cuando sea verde, es
buena compañía.

Entre lo suelto, saltar a un bote de remos, llegar a un punto
conocido (nada de centros ni la
cabeza de un guanajo) irse (ahí)
a la deriva: ¿a qué? Da lo mismo.
Tumbarse a lo largo de la eslora
a tomar (gris) sol, abrir la caneca
de vino de arroz, una de vino y
una de encurtido japonés. Ver
pasar nubes empingorotadas
semejando sargazo alejándose
(agradecedlo a la marea) de
la costa. Quitarse la trusa y
manteniendo el equilibrio a
babor, echar una meada
prolongada de la que beba a
saciedad unas onzas el pez de
carnes blancas que servirán
a la Primera Dama del pueblo:
ahí está el chiste, en ser el más
meón (socarrón) de los poetas
asiáticos (habidos y por haber)
del lago (presente).

A solas, claro está, que es así como se disfrutan los resultados:
meado chino compuesto de grandes
dosis (apelotonadas) de arroz
delicuescente, una naranja agria
para someter los rigores de la
carne de pato dulce, su porción
de verduras en largas tiras
pasadas un minuto por la gran
sartén comunitaria, el aceite
hirviendo: ese líquido gualda
pespunteado por espesas gotas
de microorganismos de letal
naturaleza, tras subirme la
trusa fue a parar a la negra
cerveza del burgomaestre, a
la sopa de choros y machas
de la jamona del moño teñido
de caoba, y por supuesto, a la
pareja (mona, muy mona) de
zangaletones que trajeron al
mundo: la chica ya de mis
meadas adquirió color de
ictericia, el chico (atildado)
de zarrapastrosa entraña,
fija el ojo en cifras que, meado,
pronto arruinan a la familia: y
yo me meo de risa. Remo de
regreso, tras haberme soltado
el pelo, durante dos o tres horas
a la deriva por el Lago de Todos
los Santos: vuelvo (repuesto) a
mis quehaceres del día
(quehaceres de Todos los Días)
ahora sí que sí la cosa va en
serio, el cuajo está en ir chano
chano, nada de premuras
(a menos que surja un retortijón
peristáltico).

Los países son estrechos, las alcurnias les quedan anchas, y yo mejor
me quedo en casa, a mis ventosidades:
haya paz (estomacal) en toda la tierra
(de cultivo) un mausoleo en honor al
subproducto universal de todos los
vientres, no hay heredad ni continuidad
de la especie, sin retortijones. Así lo
quiso el Buen Dios: sin tachas recojo
con letra erguida lo bimano entre lo
subrepticio infrahumano que en mucho
(la gota fétida; la caca hilacha) nos
empareja. Estoy contento (al milímetro)
de escribir, colateral; y por caminos
indistintos, preparar mis sopas bobas,
a costillas del fisco, o de imaginar cosas
que luego son (de pronto). La papa
proviene de mi huerta (no paga impuestos)
el caldo transmeado es líquido infuso
(olímpico) que un dios pagano desde
adolescente me concede (tampoco es
tasable): remato la tarde, ajeno a toda
contrición o volición, sentado (arcádico)
sobre el poyo (bajo el olmo) a la entrada
de una cabaña (por virtual, real) fumando
larga pipa de opio, su larga sombra de
bambú se funde con la sombra larga de
una coleta a mis espaldas, a medias
Tu Fu.




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JOSÉ KOZER EN VALDIVIA

Por Verónica Zondek

José Kozer, poeta prolífero y torrencial, nació en 1940 y emigró junto a sus padres a Nueva York en el año 1960 donde a partir de 1965 y por 37 años, enseñó lengua y literatura en Queen’s Collage. Desde que jubiló en el año 1995 reside en Hallandale, Florida. Nació y creció en La Habana en el seno de una familia de judíos inmigrantes de habla yiddish además de las vernáculas provenientes de Checoslovaquia y Polonia, por lo que desde muy pequeño conoció la fuerza poética que suele entregar la extrañeza de la lengua, asunto que luego quedo mas reforzado aun con la urgencia de aprender el inglés y poder sobrevivir en el nuevo medio. Kozer es un poeta que ha sido catalogado y que se auto-cataloga como vemos en la ya famosa antologia Medusario, de la cual es uno de los autores, como neo-barroco. Sin embargo creo que a pesar de que efectivamente desarrolla un gusto por la textura y un amor gozoso por la expresión compleja de la lengua y ademas saborea el ritmo hipnótico que le permite acceder a sentidos ocultos y polifacéticos, pienso que Kozer es también y gracias a su calentura y afán por el cotidiano ajetreo y a su relación íntima con los objetos cotidianos, a la evocación y ensoñación a la que lo conducen ciertas palabras o hechos o historias, un poeta conversacional y que mucho le debe al chisme entendedor y comunicador. Profundamente involucrado con el mundo que lo rodea es también un buceador nato de las honduras y preguntas esenciales del hombre. Es como si a través de esa aventura y los detalles que recoge y apila sobre el papel, lograra de algún modo encontrar un orificio por el cual deslizarse y arrastrarse hasta asir con las palabras ese mundo intercultural y asimilador preso en la maraña de la memoria y donde logra finalmente conectar su actualidad viva con aquella que antes vivió o vivieron aquellos que cementaron los muros de su casa imaginaria y ambulante. Es justamente a través de lo fónico y lo rítmico, que atrapa y logra plasmar la realidad concreta, la que gracias a un engolosinamiento casi o definitivamente sensual, actúa como detonante de la imagen, de la historia y de la memoria que se abren paso en la escritura. El lenguaje explora e ilumina el misterio que sobre esa superficie se presiente. El poeta navega con simplicidad y anota gracias a los afluentes judaicos, cubanos, latinos y también al peso del acervo mitológico y fundacional de la cultura occidental y oriental, el rico mosaico a través del cual nos expone su original y generosa construcción poética. No hay excluidos. Tampoco mensaje moral sino un reconocimiento a la riqueza y diversidad de un mundo que hace esfuerzos inusitados por homologarse y a la vez hacerse, accesorio útil y eficiente. Toda esta escritura adquiere finalmente una polifonía sonora y significante que produce amplios y variopintos sentidos. Brilla en estos poemas prosísticos una fe en la poesía como cuerpo de investigación, asunto que la aleja definitivamente del escepticismo post-moderno que parece borrar todo parámetro de interés humano, excepto el que iguala peras con manzanas y que anula de un paraguaso la sabrosa y rica impronta que aportan las diferencias: es decir, esos filones por donde es posible penetrar y encontrar lo oculto. Poesía entonces, comprometida. Comprometida con lo cotidiano, con el mundo y con la búsqueda humana de lo inefable, y sobretodo con la natural sincronia de lo latino. Y vuelvo nuevamente a lo de neo-barroco, porque es justamente este viaje por las diferentes texturas del lenguaje, la prima herramienta que el poeta Kozer utiliza con maestría para lograr un lenguaje poético que aún nos interpela. Debo decir que es esta lengua ‘Kozeriana’ la que finalmente se constituye en un mundo posible y habitable para el poeta trashumante.
Quiero agregar por último que pienso que su desarraigo arraiga en el mundo creado. La lengua: hogar de recuperación y creación. Es aquí donde Kozer construye una posibilidad cierta de lo humano al ser resistencia y oposición ante el tráfago devorador del ritmo vital actual y por ende, una lectura de sus poemas se convierte para nosotros los lectores en un espacio natural de reflexión, conocimiento y vuelta a los sentidos y percepciones que algunos van queriendo por ahí, que olvidemos.
Antes de dejarlo con Uds. algunos datos bibliográficos:

Kozer escribe todos los días. Ha publicado 40 libros de poesía. Los más recientes por Tse-Tsé en Buenos Aires, Fdo. de Cultura Económoica en Ciudad de México, Letras Cubanas en La Habana y por Editorial El Temple y Editorial Norma acá en Chile.

Dejo con Uds. al poeta y cualquier duda, pregunta o información, pueden formulársela directamente al final de esta lectura

Valdivia, Octubre 2007

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FRANCIS BACON. SELFPORTRAIT.

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IMITACIÓN A POE EN LOS PAÍSES BAJOS. DOLAN MOR.

Era invierno con lluvia (decían los cristales
en el Hot Spot Café) / Era invierno / yo estaba
en un bar y bebía mientras telefoneaba el número
de un club (un teléfono móvil para hablar
de negocios con una prostituta
que tuviese las manos dulces como la seda) /

"Bebería tu carne como tela de vino
si envolvieras mis huesos / bebería tu boca /
el alcohol de tus senos / y el canal de tu espalda
al bronce de una lámpara "/
--decía una canción en el Hot Spot Café--

El neón de la lluvia tejía sus diamantes
ocultos en la noche de los barrios de Amsterdam /

"Te llamaba / Dios mío --dije mientras bebía whisky
de un largo sorbo-- para quemar mis huesos
en una habitación / Media hora de lujo en tu casa
de citas o en el club donde actúas esta noche invernal"
--terminé en un susurro que apenas se escuchó--/
pero me contestaron en francés al teléfono /
me dijeron: "la lluvia se posa en tu ventana...
/asómate / si puedes en el número 3 de la calle
Enge Kerksteeg / apuñala en tus ojos el fervor
del pecado / desenvuelve una a una las plumas
de tu falo / piensa que ahora tu sombra se convierte
en el cuervo que un día fue Eleonora" /

No supe contestar porque no creo en nada /
ni en Sartre ni en Madonna ni en los cuentos
de Kafka / Sólo la calle el cine alimentan mis horas /
Discotecas pastillas polvos golpes nevera en los bares
nocturnos como hoy que llamaba / mientras
el barman cobra otro whisky sin hielo...

Ya cruzo los canales que bajan a los cielos
para verme con Dios travestido de Palas /
Me abren la puerta y entro / pero quien me recibe
es un bello cadáver con los labios cosidos /
con los senos azules / las nalgas como lirios
de esperma / y la vagina levemente operada...

Entonces me despierta el agua de la ducha
cayendo en el hotel donde estaba dormido
con un vaso de vidrio inclinado en la mano
(creo que era el Schiphol porque escuchaba aviones):

Me había empastillado sentado en la bañera /
con un libro de Poe abierto entre las piernas .





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RENÉ PORTOCARRERO

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SOLEDAD FARIÑA: SE DICEN PALABRAS AL OÍDO.

Soledad Fariña ha publicado por Ediciones Torremozas, Madrid, España,
un nuevo y hermoso poemario, donde retoma la escritura como diálogo. Así, "Se dicen palabras al oído", son poemas escritos por Fariña a partir de la lectura de determinadas autoras con la que establece una relación de empatía, con determinados versos de ellas, asumiendo la poesía como un acto colectivo y al poema como una escritura infinita, suma de múltiples voces. Así, la escritura se cruza en su eros con la oralidad y se intenta devolver a la poesía a un habla común, susurro íntimo y sostenido, donde ellas (las poetas), no sólo se leen o se escriben ,sino que, en un gesto que traspasa las generaciones y el tiempo, "se dicen palabras al oído",tratando de retener en la conversación (paladeada, escrita), el instante poético.
Estudio del Sur ofrece aquí una selección de estos poemas.

mi madre piedra

cansada de sus nombres
en un hueco del mar
seguir en la ceguera

pide a su madre-piedra

en el silencio se hablan:

la oscuridad es buena
viene de ahí la noche
gusto a salmuera y yodo

en mi garganta-roca la oscuridad es suave

mis hilachas tamizan la luz
entre los peces

y mi locura viene del mar,

hijita mía
medio deshecha entre olas,

hijita mía,

mi madre ciega



a Gabriela Mistral,
desde su poema La Gruta.



dice
que asume
su rencor

como lo más preciado
y no le importa que su saliva
corra barbilla abajo

dice que todo cae
que el cuerpo también cae

que tiene cuencas en lugar de ojos
pero se agacha y recoge su cuerpo

dice que volverá junto a las hojas
que su pasión sigue siendo el clavo
que agujerea su mente
luego baja la voz y dice que ha cambiado

que
en la oscuridad puede ver mejor
que
el agua mueve las palabras

que mientras escribe furia un pincel
dibuja furia en su mente

palabra diminuta que gotea su elixir
y le anuda la lengua:

dice al fin, en silencio,
que el diario mudo de su corazón
es lo que escribe


a Nadia Prado,
poeta chilena


aguja
e hilo

quiere contar su historia
como su madre usa el hilo pero su
labio se parte Su madre enrolla el
hilo en el dedo pequeño Ella quie-
re la distancia entre la aguja y el hilo
bellísima distancia- la cara de su
madre- cordón umbilical cortado
a dentelladas en esa foto antigua


a Damaris Calderón,
poeta cubana


litoral

desembarca desbarranca

se echa a vivir con el borrón de sí
misma juega al azar con la verdad

repta la roca sube
se empina un vaso de agua suspira
aguanta el aire

saca sonidos que desparrama al viento
apoyados los codos en el color del mar
llama con silbo agudo al espejismo del mar

le trae barcos turbios la marea
se estrellan en sus párpados cerrados
se apoya en su sillar y desde ese alto se balancea
mirando cómo el paisaje blanco se vuelve pluma

busca en esquinas polvorientas
ronda la noche

se viste de papeles diarios antiguos

los lee con devoción recorta las letras
las pega en sus vestidos y deambula

su linterna se apaga usa los ojos
se le gastan no habla
ni siquiera entonces habla. Escribe

corre a mirar el el reverso de las letras
continúa escribiendo se acerca a su propia cábala

(pero no cree en ella la desprecia)

baja a la altura de su tacón
ahí se sienta y espera no sabe qué

cree que esta vez
la han engañado sus manos las esconde
las mete a los bolsillos
con su abrigo café viaja al sur

a Valdivia a Temuco a Lebu
se queda en Lebu

se interna en la maraña del bosque
y nombra sus sonidos

inicia una caminata verde
pero ya es tarde
si la hubiera hecho ese año
piensa


a la poeta chilena Elvira Hernández,
a su amistad, su poesía, a su abrigo café


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ALFREDO FRESSIA

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ALFREDO FRESSIA: ECLIPSE. CIERTA POESÍA.

BELLO AMOR

Bello amor, bellos amantes,
porque el amor no pasa
de un memorial de hombres que me amaron,
el sexo,idéntico
el ancestro conjugado,
bello y estéril, bello
porque estéril, porque destinado
al memorial de hombres que me amaron
de antes, sin después, al otro
lado de sus vidas, sin otro
rostro que el insomne
habitante del deseo, se consume
de belleza antes, siempre antes de los hombres,
el memorial de hombres que me amaron.


EL MIEDO, PADRE

Padre, yo me espanto
de estar preso en mi cuerpo, el condenado
umbral, perfecto, este retorno, padre,
eternamente en viaje y muerto, por las cuatro
estaciones y la suerte
echada de los hombres, los hijos
obedientes de la especie, padre,
los muertos venideros. ¿Quién es
este huésped de mi cuerpo? Estos años,
¿de quién son prisioneros en las venas?
¿Qué hago, padre, con mi espanto
a cuesta, y mis días
en los días implacables de los hombres?

NOCTURNO EN LA AVENIDA SAO JOAO

Un travesti en silencio contra un poste
es menos triste que la avenida Sao Joao de madrugada,
cuando la niebla se recuesta nordestina
y venérea en las ajenas paredes sin empleo, y esperan
las mujeres, y el borracho espera por su sombra
caída en la calzada. La hora en que se hunden
en su rabo interrogante los gatos sin respuesta
y los marineros cantaron y se miran
esperando por su canto, esperando por oírlo
y todos los idiomas son incomprensibles
como la espera del viento por sí mismo
oyendo su queja vieja de ventana rota.

En el anónimo cuarto sólo iluminado
por el neón afuera, los amantes
son títeres del tiempo: oyen dar
las caricias violentas de la noche y se toman
por la espalda blanda como cama desecha.
El viento se encanjona en la avenida de olor ácido
y los amantes se duermen al neón repetido, sin cuerda
de la noche embotellada en los postes.

Alfredo Fressia, Montevideo, 1948. Desde 1976 reside en Sao Paulo. Es poeta y crítico literario. Ha publicado, entre otros libros, Un esqueleto azul y otra agonía, Clave final, Noticias extranjeras, Destino: Rua Aurora, Frontera móvil y Amores impares. Los poemas aquí seleccionados pertenecen a la antología Eclipse, Cierta Poesía (1973-2003), publicada por Alforja, México.

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